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martes, 28 de junio de 2011

29 de Junio: Santos Pedro y Pablo, Apóstoles



La Solemnidad de los Apóstoles San Pedro y San Pablo, no sólo hace referencia a estos dos grandes evangelizadores, sino también a la Comunión de la Iglesia.

Simón Pedro, aquel a quien Jesús, durante su vida terrena estableció como Roca (Mt 16, 17-18), se dedicó a predicar principalmente al pueblo de Israel, mientras que Pablo, también llamdo por el Señor, lo hizo a los paganos (Hech 9, 1-9; 13, 46). En esta actividad apostólica, realizada por el mandato de Cristo, Hijo de Dios _no de un hombre cualquiera_ ambos hicieron confluir en la Unidad de la Iglesia, a todas las naciones de la tierra. Esta es la Comunión de los creyentes invitados a la salvación eterna.

Las personalidades de estos dos grandes Apóstoles, celebrados en un mismo día, nos da también clara imagen que, en la Comunión de los Creyentes, no existe ninguna uniformidad. Al decir de San Agustín, la Unidad eclesial se da en la diversidad. La luz de la fe que ilumina la manera de vivir, esforzándonos por seguir a Cristo, es el único parámetro de comportamiento a seguir. Formar parte de la Comunidad Cristiana, no implica renunciar a la identidad individual, ni a la de la propia cultura. Al contrario, purificando en la Misericordia Divina aquello que desdice del Plan de Salvación, consiste en potenciar los valores que el Espíritu Santo inculca en ambas realidades.

Estos Santos Apóstoles, fueron tales tras lavar sus vestiduras en la Sangre del Cordero (Ap 7, 14). Pedro negó concer a Cristo la noche del Jueves Santo; Pablo fue perseguidor encarnizado de la Iglesia. El testimonio de su vida es un canto a la Misericordia que nos anima a ser seguidores de Jesús. Sigámoslo

domingo, 15 de mayo de 2011

Jornada de Oración por las vocaciones


El Domingo Cuarto después de la Pascua es reservado por la Iglesia de manera especial para pedir por las vocaciones sacerdotales y religiosas. Por aquellas personas que se preparan para consagrar su vida entera por el Reino de Dios; pero también por aquellas otras que ya están viviendo según los concejos evangélicos o ejereciendo el ministerio sacerdotal. Podríamos tener en cuenta a aquellos niños aún no nacidos, porque Dios hace su elección desde ahí: desde el vientre de la madre.

Pero no solamente debemos rezar por las personas que reciben y responden el llamado de Dios, sino también por sus familias. Porque las vocaciones consagradas nacen en hogares concretos que las ayudan o dificultan. Cada sacerdote, religioso o religiosa, vienen a este mundo en una familia, por eso pueden entender, ayudar, guiar y servir a quienes han formado un hogar con hijos. Los consagrados no son apátridas.

Orar para que en las familias se den vocaciones, implica también rezar por la propia. Porque tal vez Dios está llamando a uno de los hijos, a una de las hijas y hace falta generosidad para entragarle al Señor esa personita a la que tanto queremos.

En este Domingo, podríamos también percatarnos que la oración por las vocaciones también requiere de un compromiso en la vida cotidiana para alentarlas y acogerlas. Triste sería que recemos por un lado y por otro "desactivemos" el llamado de Dios. Sería tremendo por varios motivos. Porque tal vez estamos privando a la Iglesia del don de una persona consagrada; pero también porque herimos a quien quiere consagrarse.

Existen personas que, ante el indicio de vocación de un joven o un niño, tratan de disuadirlo, relativizando (aveces con desprecio) su inquietud. Hacer eso contribuye a frustrar a la persona; no porque se le impida ser sacerdote o religiosa. Puede ser que ni siquiera entre a la casa de formación o en el seminario, pero, al tratar como una estupidez un ideal, se hace sentir estúpido a quien lo concibió en su corazón y lo considera importante. Obrando así, se le hace perder seguridad en sí mismo; eso es frustrarlo, es hacerle daño. Toda persona necesita y tiene derecho a una autoestima alta. Cuando uno desalienta una vocación (cualquiera sea), destruye la imagen positiva que una persona tiene de sí misma. Por eso es tan nocivo obrar de esta forma.

Los niños y jóvenes, al rezar por quienes manifiestan una vocación consagrada o sacerdotal, deben mirarse también a sí mismos. Porque tal vez Dios los esté llamando. Para ellos, rezar por las vocaciones significa también orar por su propia disponibilidad.

Pongamos en el Corazón Sagrado de María, esposa de José, la vida y la vocación de los obispos, sacerdotes, novicios, seminaristas y la de todos los niños, niñas y jóvenes que sienten el llamado de Dios en su corazón

domingo, 1 de mayo de 2011

Domingo de la Divina Misericordia

Muchas cosas confluyen en el Segundo Domingo de Pascua de este año

En el Evangelio Cristo se hace presente a una comunidad de discípulos miedosos y con ello comenzará a transformar la vida de todos ellos. Esa presencia de Jesús que otorga el Espíritu Santo es la que hoy experimentamos en la Iglesia, comunidad de discípulos actuales. Llena de dificultades y defectos, esta comunidad cuenta con esa presencia, no como un premio, sino como una necesidad.

Este Jesús otorga su misión a la Iglesia: como el Padre me ha enviado, yo los envío a ustedes. Una de las tareas que Cristo transfiere es la del perdón de los pecados. "Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan". Precisamente en este Domingo celebramos a Jesús de la Divina Misericordia. Esta devoción nos invita a cultivar una confianza ciega en el Amor de Dios que perdona nuestros pecados y nos potencia para realizar un nuevo camino, una nueva vida. Pues bien, toda esa fuerza que proviene del Corazón Misericordioso del Salvador, se canaliza a través de sus discípulos, de su Iglesia. Sería penoso no aprovechar ese arrollo de luz que puede sanarnos.

La presencia de Jesús resucitado suscitará en sus discípulos una forma de vida que transformará sus vidas hasta en sus relaciones sociales. De ello nos habla el Libro de los Hechos: Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común: vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno.

Es un dato para tenerlo en cuenta en este Día del Trabajador, porque el trabajo, o su ausencia, genera una serie de lazos entre las personas y las sociedades. Que esos vínculos donde puede hacerse presente lo más noble y lo más vil del hombre estén imbuidos de la presencia de Dios, es el desafío de todo creyente. Desafío cristalizado en el ejemplo de San José Obrero.

Finalmente hoy beatifican a Juan Pablo II, sin duda un Papa Obrero. Porque ejerció el trabajo manual en la difícil época de la Segunda Guerra, pero también porque contribuyó a la construcción de un Orden Social Mundial más justo. La caída del Muro y la Perestroika, lo reconocen como su silencioso artífice. Es el Papa que además instituyó la festividad de Jesús Misericordioso; por ese motivo es que es beatificado hoy.

Unámonos a toda la Iglesia en este acontecimiento tan importante y contemplemos en Juan Pablo II el trabajo de Jesús Misericordioso en este hombre de nuestro tiempo. Digo el trabajo de Cristo, porque Él es obrero y sus artesanías, finísimas y de alta calidad, podemos ser nosotros. Dejemos que sus manos moldeen nuestra socieda, nuestro corazón, nuestro presente y nuesro futuro. Que sanen también las heridas de nuestro pasado.

sábado, 23 de abril de 2011

Felices Pascuas: ¡Cristo vive!


Vivimos en un mundo en el que quiere reinar la cultura de la muerte. En el que las soluciones pasan simplemente por matar. Se mata al niño no deseado, se mata al anciano o al enfermo terminal; uno mismo piensa en matarse cuando hay una situación que considera insuperable o desesperante. Se anula al que piensa distinto, se lo persigue, se lo difama; es una forma de matar. La educación sexual que pretende solamente enseñar cómo funciona el cuerpo, reduciendo todo a métodos de placer, mata la inocencia: Todo es una cosa de la que hay que aprovecharse, sin compromiso, sin unión, sin amistad: carne para gozar. Eso es cultura de la muerte. También lo es el ataque a la familia, mediante la imposición de modelos que la contradicen. El maltrato a los pobres, la indiferencia ante las situaciones injustas, el menosprecio a los discapacitados, son todas formas de matar. La cultura de la muerte se especializa en hacer desaparecer todo aquello que le molesta o no entiende, aquello con lo que no quiere dialogar. Se presenta como triunfadora, por eso nos atrae y nos tienta. Porque para deshacerse de una complicación basta con matar a quien la causa: “muerto el perro, muerta la rabia”.

En esta Pascua se nos presenta Jesús, al que la cultura de la muerte creyó haber vencido en una cruz, absolutamente vivo y victorioso con un mensaje simple: “alégrense”

La resurrección de Jesús muestra que la cultura de la muerte no es la triunfadora. Que la solución frente a lo que nos resulta difícil comprender o admitir pasa por la vida. Vida es dialogar, vida es perdonar, es reconciliarse; vida es aceptar situaciones y personas, es abrir el corazón en el servicio; es el reconocimiento de la dignidad del otro, es darnos una mano y ayudarnos todos para vencer nuestras pobrezas; no sólo las económicas, sino también muchas otras. Vida es tener esperanza en nuestra gente, en nosotros mismos y en Dios que nos ama y jamás nos abandona. Vida es vivir encauzándonos poco a poco según los mandamientos del Señor, es acercarnos a Él, es aprender a amarlo y a conocerlo ¡Eso es vida! Por eso Cristo les dice a las mujeres que fueron al sepulcro “alégrense” Eso mismo nos dice a nosotros. A eso estamos invitados los que creemos en Cristo Resucitado

Animémonos a ser portadores de esta cultura, la cultura de la vida, la cultura de Jesús que está vivo.Roguémosle a María que nos dejemos transformar por la Vida que nos trajo Jesús.

¡Felices Pascuas para todos!

viernes, 31 de diciembre de 2010

1 de Enero Santa María, Madre de Dios


“María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón” (Lc 2, 19 )


La Iglesia nos invita a celebrar a María, Madre de Dios en el primer día de cada año y esto debe hacer muy especial el comienzo de cada uno de ellos.
María, que conserva estas cosas y las medita en su corazón es una imagen preciosa para imitar en este principio de año. En efecto, llegados a este punto de cada una de nuestras historias es importantísimo que aprendamos a mirar en el fondo de nuestros corazones los sucesos que hemos protagonizado. No se trata de un ejercicio de la facultad de la memoria solamente, sino que es un recuerdo meditativo. Tampoco es una reflexión simplemente humana sobre los acontecimientos del año y los años anteriores.

Guardar las cosas y meditarlas al ejemplo de María, implica descubrir en ellas las manos providentes de Dios que nos ama.

Sí, porque en todas las cosas que nos pasaron y pasan está Dios. Incluso en aquellas que, a primer golpe de vista, nos pueden parecer negativas. María no sólo guardaba el anuncio del ángel, la visita de los pastores que contaban la aparición del coro celestial cantando el gloria. María también recordaba y meditaba las angustias de San José, el decreto autoritario del Emperador que los había puesto en la tremenda situación de recibir al Niño en un pesebre para animales. Esto no amargaba el corazón de la Madre Inmaculada, no la desalientaba, ni la resentía. No la bajoneaba, ni la deprimía, porque sabía que todas las cosas son queridas, o por lo menos permitidas por Dios, en vistas al bien de los hombres. Aunque ese bien, todavía esté lejano. Aunque se lo descubra como tal dentro de varios (tal vez muchos) años.

Nosotros debemos imitar a la Virgen en esta virtud de la meditación de los acontecimientos de la propia vida. Habrá cosas que ya están claras, pero otras muchas que no. Lo mismo le pasaba a Ella. Las que estaban esclarecidas, seguramente las agradecía y las que no, las esperaba con la confianza de quien sabe es amado por Aquel a quien pertenecen el tiempo y la eternidad.

Hagamos lo mismo.

Que descubrir la mano providente de Dios, incluso en el dolor, confiar en ella, nos impulse a trabajar constantemente por el bien de nuestros hermanos y por nosotros mismos, sin dejar lugar al odio y las venganzas; más bien a la esperanza de la redención, del cambio, de la conversión.

Feliz Año Nuevo para los hijos de la Madre de Dios ¿Hay alguno que no lo sea?

viernes, 24 de diciembre de 2010

La Buena Noticia de la Navidad


María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue (Lc 2,7)

Hoy celebramos el nacimiento de Jesús. Sabemos que se trata de una fecha puesta arbitrariamente, ya que en la antigüedad no era propio de los pobres celebrar sus cumpleaños; esto sólo lo hacían los ricos, como el rey Herodes (Mt 14,6; Mc 6,21) Históricamente no contamos con ninguna fuente que nos diga la fecha exacta del Nacimiento del Salvador.

Esta carencia de datos científicos nos lleva a concluir que es verdad aquella vieja frase: cada día es Navidad, si cada día nace Dios. El hecho que no se señale el día puntual del nacimiento de Cristo, lo mismo que su Pascua (aunque esta está calculada), es porque al hacerse hombre el Hijo de Dios, vino a salvar toda la historia humana, no sólo un día de ella. Es una salvación que no está circunscripta a una época, ni a un pueblo.

Esta es, precisamente, la gran noticia del Evangelio: en Cristo podemos alcanzar la salvación eterna. Dios nos ha amado tanto que vino a rescatarnos del mal que nosotros mismos producimos: No sólo del pecado original, sino de todas las faltas que realizamos conciente y libremente a lo largo del tiempo. De hecho el angel que se le aparece a los pastores les anuncia esto: les traigo una buena noticia (eu-angelion), una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor (Lc 2, 10-11)

En esto consiste el Evangelio, en saber que en Cristo todos podemos salvarnos y que, por lo tanto, no tenemos por qué resignarnos al mal del mundo, ni a nuestras propias maldades. Podemos salir de todas ellas. Jesús es nuestro hermano salvador. Por eso San Lucas lo presenta como el primogénito

Efectivamente, cuando se refiere a Jesús como el primogénito, no lo hace con la intención de señalar que la Virgen María tuvo otros hijos con San José. De hecho este término se aplica al primer hijo. Llegue o no a tener hermanos, se lo denomina así. Pero, todavía más: hay que entender este título dentro de la Teología Paulina (Recordemos que Lucas es discípulo de Pablo). Jesucristo es el primogénito de toda la creación, el primero en resuscitar, es el primero en todo, en el que toda la creación debe ser recapitulada (Cf Col 1, 15. Ver también Heb 1,6); el primogénito de muchos hermanos (Rom 8,29). Evidentemente, no se refiere a hijos de la Virgen y San José, sino a todos los hombres que pueden ser salvados. Viendo así las cosas, es claro que en la Biblia no se dice que la Virgen tuvo otros hijos, sino que todos somos hermanos (menores) de Cristo y que en Él, podemos ser salvos.

En esta Navidad, dejémonos arropar entonces por la Virgen con la Salvación que Cristo nos trajo. Así como lo envolvió en pañales en el pesebre, que Ella también nos vista con esa salvación; que nos revista de Cristo Jesús, su Primogénito

Feliz Navidad para todos

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Ocho de Diciembre, día de la Pura y Limpia Concepción del Valle


Hoy celebramos la Inmaculada Concepción de María

La Iglesia, para representar este Misterio, recurrió a imágenes. Ellas no son en sí mismas la persona viva de María, sino una figura suya. Como nuestras fotografías que son figuras nuestras, pero no nosotros mismos, así las estatuas o estampas de la Virgen, de los Santos y de Dios mismo, son realizadas para ayudarnos a tenerlos presentes y comprender mejor los misterios de nuestra fe.

Una de esas imágenes de la Inmaculada Concepción apareció misteriosamente en una gruta de Choya, sin que se le conozca autor, ni fecha de confección. Aborígenes que ya serían cristianos o estarían por bautizarse, la encontraron allí y comenzaron a rendirle culto, con mucho cariño. Con el tiempo, la imagen fue llevada al poblado cristiano, donde había también españoles. En un primer momento estuvo en casa de Don Manuel de Zalazar. Como era una imagen de la Inmaculada Concepción se la comenzó a llamar como La Pura y Limpia Concepción del Valle. Por eso la Virgen del Valle se celebra todos los 8 de Diciembre. No se trata de dos fiestas de María, sino de una única celebración de la única Madre de Dios, la Santísima Virgen del Valle.

La Concepción Inmaculada de María, nos pone frente al hecho de la existencia humana desde su primer instante.

Queremos compartir con ustedes algunas reflexiones sobre el porqué y las consecuencias del valor de la vida humana a la luz de la Inmaculada Concepción de María

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viernes, 26 de noviembre de 2010


La Pastoral Vocacional es un elemento esencial en la vida de la Iglesia, sobre todo si se dirige a la vida consagrada o sacerdotal. Les presentamos este folleto para niños en edad de ingresar al Seminario Menor. Queremos aunar esfuerzos con quienes quieren servir como instrumentos del llamado de Jesús para los más chicos.

El folleto está en formato PDF y puede imprimirse en hojas A4, en doble carilla y luego plegarla. Esperamos les sea útil



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domingo, 14 de noviembre de 2010

¿El Opio de los Pueblos? Reflexión con las lecturas de la Misa del Domingo

Las lecturas de la Misa dominical nos invitan a tener presente que el mundo y la historia tendrán un punto final. Pero este fin no nos hundirá en le vacío de la nada. Por el contrario, traerá un nuevo comienzo: para ustedes que temen mi nombre, brillará el sol de justicia que trae la salud en sus rayos (Primera Lectura, Mal 3, 19-20)

Por eso la invitación de Jesús en el Evangelio de hoy (Lc 21, 5-19) insiste en que no temamos; que no nos dejemos engañar por impostores; que tengamos confianza en Dios y fundamentalmente que seamos perseverantes en nuestro deseo y esfuerzo por vivir cristianamente : Gracias a la constancia salvarán sus vidas.

Esta espera confiada, serena y perseverante, no debe ser nunca una alienación de la realidad presente; un escapismo fácil que reduciría a la religión a un narcótico. De hecho el pensamiento marxista hablaba de la religión como opio de los pueblos, ya que, según él, drogaba a la masa trabajadora con la expectativa del cielo. Con ello se procuraba mantener las estructuras de poder que dominaban a los pobres, haciendo que eludan sus responsabilidades temporales.

Al respecto, San Pablo, en la segunda lectura de hoy (2 Tes 3, 6-12), declara inadmisible que un cristiano viva ociosamente, desenteniéndose de sus obligaciones terrenas. Efectivamente, en las primeras comunidades cristianas hubo quienes, esperando la venida definitiva de Cristo, se dedicaron a pasar el tiempo sin hacer nada y entrometiéndose en todo, produciendo toda clase de conflictos. De allí que el Apóstol los amonesta e invita a que trabajen en paz para ganarse su pan.

Y esto por qué, porque el Reino de Dios, que se manifestará en su plenitud al final de los tiempos, no comienza en el último día, sino hoy. Hoy mismo nosotros podemos comenzar nuestra entrada en ese Reino, y lo hacemos luchando por el bien de los hombres de nuestro tiempo. Ello implica necesariamente comprometerse en el trabajo, en las estructuras sociales, en los dinamismos y evoluciones comunitarias. Por lo tanto, esperar el Reino de Dios, no puede jamás llevarnos a desentendernos y desatender nuestras obligaciones; ni tampoco a tomar una postura indiferente y egoista respecto de las injusticias y violencias actuales.

Si quieres entrar en el Reino de Dios, trabaja positivamente en el reino del hombre. Sólo quien se compromete con el drama humano de cada día, podrá gozar de la Luz absoluta y sin ocaso del Último Día.

Viendo así las cosas, es claro que la Religión no es el opio de los pueblos, sino que les ofrece la posibilidad de descubrir y cultivar su verdadera identidad, iluminados por la Palabra Divina. Esa Palabra que no encierra en un intimismo fácil e individualita, sino que compromete en el quéhacer cotidiano, que cuestiona frente a la necesidad del otro vulnerable.

Imitemos y roguémosle a María que entró en el Reino de Dios, mientras transitaba su vida terrena.

domingo, 24 de octubre de 2010

Nuestra Oración.Evangelio. Semana 30 TO


El domingo pasado el Evangelio hablaba sobre la necesidad de orar con perseverancia. Continuando en la misma línea, Jesús enseña la necesidad de la humildad, la confianza y el abandono.

En la parábola del fariseo y el publicano que Cristo propone (Lc 18, 9-14), la figura del primero es la del hombre ensoberbecido por la peor de las soberbias, la espiritual. Cree que nada tiene que pedir a Dios, debido a su superioridad en la virtud y en el cumplimiento de los deberes. Por el contrario, el publicano, se da cuenta de su total indigencia ante el Señor y de su indignidad. Desde ese punto de vista, este personaje, lo necesita todo de Dios y depende enteramente de Él; sin tener ninguna prerrogativa: "Dios mío ten piedad de mí que soy un pecador"

Para nosotros, conscientes de las faltas que nos oprimen, apenan y dañan a los demás, saber que Dios "escucha la súplica del oprimido" (Ecli 35, 13; primera lectura del Domingo), tiene que ser una fuente de alegría y de confianza para dirigirnos a Él. No por sabernos malos debemos pensar que el Señor nos rechaza, todo lo contrario. Es más cuanto más pecadores nos consideremos, con mayor razón debemos dirigirnos al Señor, como lo hace el publicano:"Dios mío ten piedad de mí que soy un pecador"

Erróneamente pensamos que Dios solamente escucha a los que son buenos y a nosotros nos deja de lado. En realidad no es así, en realidad es al revés: Dios no nos escucha porque seamos buenos; Él es Bueno y por eso nos escucha. La bondad está en él; no en nosotros.

La oración humilde y confiada en Dios, que es misericordioso y puede perdonar, es la que justifica al publicano de la parábola: "Les aseguro que este último volvió a su casa justificado" (18,14). La justificación, según la Biblia, es equiparable a la santificación. De forma que la oración es la clave para nuestra conversión, para abandonar los pecados que nos oprimen, que dañan a los demás y a nosotros mismos.

En la oración del publicano el Señor pone una semilla potente capaz de transformar la vida. No es un sedante que me adormece en el mal, sino un suave ungüento que va permeabilizando mi dureza, hasta llegar a las capas más íntimas de mi conducta.

Animémonos entonces a rezar, a pesar de que nos demos cuenta que somos indignos, a pesar de que nos creamos alejados de la Iglesia y de Dios. Animémonos a rezar. Los oídos del Padre Misericordioso están atentos y sus manos, llenas de bendición.

A modo de curiosidad, la frase del publicano es conocida como la oración del corazón, muy fuerte en la tradición oriental de la Iglesia. A los que les interese pueden leer el libro Relatos de un Peregrino Ruso

sábado, 16 de octubre de 2010

FELIZ DÍA DE LA MADRE

Qué podremos escribir sobre la madre. A veces la pequeñez de una palabra no abarca la riqueza de la realidad. Sin embargo, a pesar de esta limitación, la palabra es el medio privilegiado por el que Dios se comunicó con la humanidad. Y es que, si por un lado, la palabra es pequeña, por otro es grande. Es la única manera de aproximarnos al ser de las cosas, de descubrirlo, de darlo a luz en nuestro espíritu. De hecho, no en vano es la palabra, como expresión del concepto, lo que nos distingue como seres humanos.

Pero la Palabra de Dios, manifestación divina en moldes humanos, no es solamente una cuestión de códigos idiomáticos o de abstracciones mentales. Por supuesto que los utiliza y se expresa a través de ellos. Sin embargo, la Palabra Divina en realidad es un Alguien, más que un algo. Ese Alguien es Jesucristo mismo. El Evangelio de San Juan es el que enseña, directa e inequívocamente, este misterio tan sublime: "El Verbo (Logos, Palabra) se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn 1, 14)

Lo hermoso es que esa encarnación del Verbo, tuvo lugar en el seno virginal de una Mujer. Dios quiso necesitar de Ella. El Hijo de Dios quiso ser Hijo de María. Nacido de una mujer expresará San Pablo en la Carta a los Gálatas (4, 4) Pudo haber sido de otro modo, pero es evidente que si este fue el elegido por Dios, es porque este era el modo perfecto.

Este hecho es el que nos pone delante del verdadero y sublime misterio de la maternidad. Dios quiso realizar su obra salvadora con la colaboración necesaria de una mujer, María Santísima. La Maternidad es entonces, un instrumento de salvación Divina para la humanidad.

Sin menoscabar, todas las apreciaciones emotivas y afectivas que podemos dar a nuestras madres en el día de hoy. Sin tirar por la borda todas las joyas literarias y artísticas que en este día se le brindan a las madres. Sin despreciar los pequeños detalles y regalos que les podemos hacer; muy por el contrario, abrazando todos ellos, podríamos mirar bajo esta lente la maternidad.

Madre es la mujer que se ha dejado abrazar por Dios, involucrándose en su obra de salvación. Esa es su vocación.

Engendrar un hijo, gestarlo, darlo a luz es asociarse con Dios para obtener la salvación eterna de ese nuevo ser humano. Por eso, la madre no puede reducirse a una simple gestora. No es solamente la que da el ser (que no es poco), sino la que posibilita la redención de un ser humano.

En definitiva, es el Señor el que quiere que venga a la existencia una persona; pero no para que intente ser feliz durante apenas ochenta o noventa años, sino para que sea feliz toda una eternidad. Para que eso se lleve a cabo cuenta con la colaboración principal de una mujer, de una madre...

Una verdadera mamá es quien se hace co-redentora de sus hijos, como María es co-redentora con Cristo de la humanidad entera. Por eso, su gozoso deber no puede ni explicarse ni agotarse solamente con la alimentación, vestido, educación, promoción social, de su prole; sino que va mucho más allá: traspasa las fronteras de la eternidad.

Vocación enorme la de la maternidad que una mujer no puede llevar a solas sobre sus espaldas, que requiere la ayuda incondicional de todos, principalmente de un esposo y de sus mismos hijos.

Recemos a la Madre del Cielo por todas nuestras madres y pidámosle que aprendan de Ella y que nosotros no las abandonemos jamás.

Feliz día, mamá!!!

sábado, 9 de octubre de 2010

Rosario por la Patria


Este año nos encuentra recordando el Bicentenario de nuestra Patria. Ella no nació huérfana de Dios, todo lo contrario: los valores cristianos estuvieron constantemente iluminando el accionar de los grandes hombres y mujeres que forjaron nuestra comunidad actual.

Los Obispos argentinos en el documento Hacia un Bicentenario en Justicia y Paz, expresaron: “Desde los inicios de nuestra comunidad nacional, aun antes de la emancipación, los valores cristianos impregnaron la vida pública. Esos valores se unieron a la sabiduría de los pueblos originarios y se enriquecieron con las sucesivas inmigraciones. Así se formó la compleja cultura que nos caracteriza. Es necesario respetar y honrar esos orígenes, no para quedarnos anclados en el pasado, sino para valorar el presente y construir el futuro. No se puede mirar hacia adelante sin tener en cuenta el camino recorrido y honrar lo bueno de la propia historia.”

Bajo la luz de esta fe cristiana, de la cual el Santo Rosario es una síntesis magnífica, podemos seguir adelante como pueblo. Reconociendo nuestros errores, curando nuestras heridas, y construyendo todos juntos un porvenir sin exclusiones, en Justicia y Solidaridad.


Clik aquí para leer e imprimir los misterios del Rosario por la Patria

sábado, 25 de septiembre de 2010

El Éxito del Pobre Lázaro Domingo XXVI TO

La cultura actual tiene como uno de sus máximos valores el éxito económico. Constantemente éste se nos presenta como proyecto de realización personal.

En la época del profeta Amós (primera lectura de la Misa de hoy: Am 6,1. 4-7), la ausencia de guerras, trajo una gran prosperidad para la clase acomodada de Israel y por eso él se le enfrenta. Pero la ardiente denuncia del profeta, no se debe a que considere el progreso económico como un mal, sino a que éste era conseguido a costa de la exclusión de muchos.

Esta misma situación la corroboramos dolorosamente hoy.

Sin embargo, más dolorosa que esa exclusión, es el deseo de los postergados, de conseguir la misma prosperidad de los ricos, pagando el mismo precio que ellos pagan: el aprovecharse de otros.

La parábola del pobre Lázaro (Lc 16, 19-31), nos lleva a plantearnos nuestra imagen de autorealización. En qué la buscamos, qué hacemos para conseguirla y qué consecuencias trae todo eso para los demás.

En este Evangelio, Jesús nos está advirtiendo que no nos dejemos aturdir por los aparentes éxitos de una vida rodeada de lujos, que no perdamos tiempo, ni dignidad, ni caridad en buscarlos como el máximo valor. Nos está advirtiendo que existe una felicidad que está mucho más allá de los bienes terrenales que se terminan, como se acabaron los banquetes, la púrpura y el lino del rico.

San Pablo en la Carta a Timoteo (1Tim 6,11-16) nos alentará a luchar por conseguir nuestro éxito eterno: "practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la constancia, la bondad. Pelea el buen combate de la fe, conquista la Vida eterna"

jueves, 23 de septiembre de 2010

CARTA A LOS CRISTIANOS - OCTUBRE 2010


HOJA INTERPARROQUIAL DE LA PRELATURA DE CAFAYATE
Nº 270 - OCTUBRE 2010


Queridas familias:

El mes de octubre es muy significativo para nosotros. En él celebramos el día de la madre. El único ser humano que puede gestar nueve meses una vida, es esa mujer a la que llamamos mamá. Sin negar que ella puede y debe desempeñar muchos papeles en la sociedad, la maternidad es el aporte más grande y el más sublime que puede dar. Pero esta misión no debe llevarla a cabo en soledad. Todos debemos ayudarla: el papá, los hijos, los familiares y amigos. Hasta el Estado debe cuidarla y favorecerla para que geste, dé a luz, críe y eduque a los niños; ellos son los argentinos que aseguran la existencia noble de nuestra Nación.
La Santísima Virgen María es nuestra madre, ella nos aceptó por hijos al pie de la cruz de Jesús. Allí nos dio a luz en la fe y nos va criando con la ternura propia de la mujer. Por eso, desde los albores de la evangelización, la llamamos Mama Virgen. Su dulzura sabe que los niños, para aprender a caminar, caen, lloran y luchan ¡Cuanta confianza debemos tenerle para recurrir a Ella, sobre todo en los momentos de dificultad!
Dios, en su amor misericordioso, quiso que nuestra Prelatura la tuviera por Patrona bajo el título de Nuestra Señora del Rosario. La parroquia de Colalao del Valle también está bajo su patronato. Su fiesta es el día siete, por eso octubre es el mes del Rosario. Es una hermosa oportunidad para cultivar esta oración que ha dado a tantas gracias a quienes la practican. Recemos siempre el rosario de manera particular en este tiempo.
La Sentadita, como familiarmente llamamos a la imagen patronal de la Prelatura, fue hecha para que pudiera ser llevada en cabalgadura y visitar los pueblos. Es una imagen misionera. Este detalle de la Providencia de Dios, respaldado últimamente por el documento de Aparecida, nos muestra que la misión, debe ser una característica de nuestra identidad católica calchaquina. Octubre es también el mes de las misiones. Siendo hijos de la Sentadita Misionera, debemos procurar que nuestras parroquias se caractericen por salir al encuentro de los hombres de nuestro tiempo: Sanar sus heridas, acompañarlos, ayudarlos y atraerlos a Dios, para que su modo de vivir, por la gracia del Señor, los introduzca en el Reino de los Cielos.

Pbro. Flavio R. Quiroga.
Párroco de Colalao del Valle



domingo, 5 de septiembre de 2010

Los discípulos y la sociedad de hoy. Domingo XXIII Durante el Año


En el Evangelio de este Domingo (Lc 14, 25-33), Jesús nos aclara qué es ser su discípulo, porque se ve rodeado de una multitud: "junto con Jesús iba un gran gentío". Él no quiere que lo sigamos como una masa despersonalizada. Ser su discípulo no es solamente amontonarse a su alrededor. Ser su discípulo implica una relación de amor con Él. Pero no un amor de beso fácil de telenovela barata, ni un egoismo disfrazado de amor, en el cual procuro aprovecharme del prójimo y no ser provechoso para él. El amor del que habla Jesús es uno que sabe de renuncias: cualquiera que venga a mí y no me ame más que a... Es amor que sabe de crucificción el que no carga con su cruz y me sigue no puede ser mi discípulo.

Amar a Jesús más que a los padres, los hijos, los hermanos, la mujer, nos lleva a amar mejor a esas personas. Porque el que ama al Señor es el que cumple sus mandamientos y ellos hablan de honrar a los padres, hablan de educar a los hijos, de respetar y compartir con los hermanos, de ser fieles al consorte. Amar más a Cristo que a los hombres, nos lleva a amar mejor a la gente.
Ese amor a Cristo, que eleva el amor humano, es también el que puede cambiar la sociedad. El cambio social, por el que tanto suspira la gente de hoy, pasa por el amor.

San Pablo en la Carta a Filemón (Flm 9-10. 12-17), aboga por un esclavo fugitivo de éste, llamado Onésimo, a quien el Apóstol convierte al cristianismo y lo envía de regreso a la casa de su amo. Lo envía de regreso no ya como un esclavo, sino como algo mucho mejor, como un hermano querido. Allí comienza un cambio social basado en el amor de Cristo que le pondrá fin a la esclavitud

Los cristianos, discípulos de Jesús, creen en el cambio social, no basado en la violencia, ni en las revoluciones armadas, ni en la justicia tomada por mano propia, ni en la lucha entre ricos y pobres, o entre etnias. Los discípulos están llamados a cambiar la sociedad no con los puños cerrados y a golpes, sino con las manos abiertas y el diálogo fraterno. No con grandes reuniones y congresos, sino en el trato diario y doméstico; en los pequeños y grandes favores que nos pedimos y hacemos cotidianamente.

Pensemos en las personas que nos rodean y en la relación que tenemos con ellas. Qué nos pide Jesús, cómo quiere que sea esa relación. Eso es amarlo más que al padre, a la madre, a los hijos, a los hermanos, a la esposa, al marido; más que a la propia vida. Eso es ser discípulo suyo.

sábado, 28 de agosto de 2010

28 de Agosto, día de San Agustín


San Agustín, nacido en Tagaste el 3 de Noviembre de 354, es uno de los Santos Padres de la Iglesia: autores cristianos que, por razón de proximidad histórica y santidad de vida, son considerados los intérpretes más genuinos de la primera predicación apostólica. Sus escritos testimonian, defienden y acrecientan la comunión en la fe y las costumbres de toda la Iglesia, sobre todo en los primeros siglos. De allí, la enorme importancia de sus escritos.

San Agustín con sus obras teológicas y filosóficas no solamente enriqueció a la Iglesia, sino que aportó a la cultura occidental una sabiduría que perdura hasta la actualidad, incluso en la genialidad de sus expresiones literarias. Muchos llegan a considerarlo un hombre típicamente moderno a pesar de haber vivido en los albores de la Edad Media.

Santo de una vida fecunda y cercana al hombre de hoy, San Agustín, se presenta como aquel que busca la verdad por excelencia, con un espíritu sediento, crítico, constante y humilde. Tras una adolescencia y juventud poco edificantes, dotado de una inteligencia brillante, descubre, en un dramático proceso de conversión, el don inestimable de la Gracia Divina. Esa presencia y acción de Dios en el interior del hombre, y de la sociedad, es la que plasmará en sus libros, es la que servirá de guía a toda la teología católica.

Para nuestra Iglesia, peregrina en el Valle Calchaquí, San Agustín tiene una importancia esencial. Cuando el Papa Pablo VI crea el 8 de Septiembre de 1969 nuestra Prelatura de Cafayate, la encomienda a la Orden de San Agustín. Desde aquel día, ella recibirá la antorcha de la evangelización de nuestros pueblos. Ella impregnará, con el suave perfume de su carisma comunitario, nuestra identidad. La pasión por la verdad y el drama humano, será la perpetua herencia de San Agustín a nuestra tierra. Herencia que nos llegará a través de los frailes de su Orden. A ellos, a San Agustín, a la Iglesia entera, nuestra eterna gratitud.


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domingo, 15 de agosto de 2010

16 de Agosto Fiesta de San Roquecito


En nuestra prelatura de Cafayate existe una pequeña imagen de San Roque, conocida con el diminutivo de San Roquecito o San Roquito, lo cual hace referencia a su tamaño (8 cm), pero sobre todo al cariño que la gente le profesa

Es el sentir de la Iglesia, sobre todo después del Concilio Vaticano II, cristalizado en los Documentos de la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, educar, dirigir y potenciar, la piedad popular. Nuestros Obispos han reconocido en la Pastoral de los Santuarios, la ocasión privilegiada que Dios da a su Pueblo, para acercarse al Misterio de Dios que peregrina junto a los hombres de todas las razas, pueblos y épocas. De allí, la importancia que tiene esta devoción típicamente calchaquina en nuestra Prelatura. De allí, que nos complace invitarlos a crecer en la devoción a San Roquecito a los que ya la tienen y conocerla mejor a los que aún no entraron en contacto con ella. Acérquense a este gran Santo de la Iglesia y anímense dar una vuelta por nuestro humilde Santuario Diocesano, sobre todo el 16 de Agosto ¡Siempre serán bienvenidos!


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miércoles, 4 de agosto de 2010

San Juan María Vianney y el desafío de una Santidad Pastoral


El Santo Padre declaró como patrono de todos los sacerdotes a San Juan María Vianney,el Santo Cura de Ars, con motivo del pasado Año Sacerdotal
La Santidad Pastoral de este humilde párroco francés es presentada como modelo a todos los que hemos recibido la Ordenación Sacerdotal. En efecto, lo propio del Ministerio Sacerdotal es participar de la Misión de Jesucristo, Buen Pastor, Cabeza de su Iglesia. Evidentemente existen tantas formas de ejercer ese pastoreo, cuantas inspire el Espíritu Santo. Es pastor en el monasterio de clausura el Sacerdote monje, como el Sacerdote profesor de una Universidad. No podemos, por lo tanto, reservar esta cualidad sola y exclusivamente a la actividad propia de una parroquia.
El ejemplo de vida sacerdotal de Juan María Vianney, no reside en el tipo de tarea pastoral que llevó a cabo, sino en la santidad con que lo hizo. Ese es el desafío al que todo sacerdote está llamado: hacer lo que Dios, a través de la Iglesia le ha encomendado, y hacerlo con santidad.
Mirar el Corazón Sacerdotal de Jesús que reluce en el Evangelio de hoy (Mt 15, 21-28)internándose en tierra pagana, los distritos de Tiro y Sidón, nos dan una clara imagen de la santidad pastoral a la que los ordenados estamos llamados. En esa región costera Cristo recibe el pedido de una canaea. La mujer, que no pertenecía al pueblo de Israel, inicia en ese contacto con el Señor un camino de purificación o profundización de su fe y esa fe acaba por alcanzar un grado de maduración tan grande que llega a asombrar a Jesús: "Mujer ¡qué grande es tu fe!"
Juan María Vianney, a pedido de su Obispo, también se introdujo en una tierra cuasipagana, Ars. Inició allí un camino de crecimiento en la fe de sus habitantes, y en la de sí mismo, al punto que la pequeña aldea de entonces (mediados del Siglo XIX) llegó a ser, una comunidad de vida cristiana muy grande, hasta el día de hoy. El cambio profundo de aquel caserío, que acabó siendo un centro de peregrinaciones admirables, fue obra de la Gracia de Dios a la cual su cura fue el primero en corresponder. En eso consistió su Santidad Pastoral. A eso estamos llamdos los sacerdotes, sea cual fuere nuestra actividad.
Quiera Dios que, con la intercesión de la Virgen María, Madre de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote; y con la de este Santo tan grande y tan simpático (tiene una cantidad enorme de anécdotas divertidas y sobrecogedoras), podamos brindarle al Pueblo de Dios la Santidad Pastoral que, más que merecer, necesita.
Para ello, también nos es necesaria la oración de nuestros hermanos en el Bautismo¡Siempre la necesitamos!
Un último detalle de la historia: los Hermanos de la Sagrada Familia, ayudaron al Santo Cura en su tarea de pastoral rural en Ars. Son los mismos que se encuentran en nuestra Prelatura de Cafayate, por eso, en este día, queremos agradecerles y saludarlos muy especialmente por su obra en esta porción de la Iglesia

martes, 20 de julio de 2010

Dios, nuestro amigo

"Amigo que nunca falla" es una frase que, hasta no hace mucho tiempo, solía figurar en imágenes de Jesús

La sagrada Escritura dedica muchísimos pasajes a la amistad y, en particular, a la amistad con Dios. Dios es nuestro amigo, alguien con quien podemos entablar una charla, un amigo que conoce toda nuestra intimidad.

Ese Dios amigo se nos hace más cercano en el rostro humano de Jesús, rostro que está en el fondo de todo hombre que viene a este mundo. Si lo pensamos más detenidamente, rostro que subyace en las facciones de nuestros amigos.

Pero este amigo nuestro dista mucho de ser un compinche y, mucho más, de ser un cómplice. Sí, porque no se contenta ni busca un contacto superficial o momentáneo con nosotros, sino todo lo contrario. Procura nuestro bien, pero el bien profundo, ese que está más allá de "pasarla bomba"

Dios es un amigo que nos lleva a madurar como personas, haciendo lo que Él nos pide. Todo lo que requiere de nosotros es para arrancarnos de nuestras inmadureces egocéntricas. Es un amigo que procura nuestro perfeccionamiento. Sin embargo, estaríamos errados si pensamos que es sólo amigo de los perfectos. Efectivamente, una de las cosas que escandalizaba a los fariseos era que era "amigo de pecadores" y, en la noche de la tracición, a Judas lo trata con este apelativo: "amigo". Amigo seguirá siendo Simón Pedro y los Doce que lo abandonan el momento más crítico de su vida. Ni más, ni menos: Jesús es amigo de pecadores, pero para redimirlos, no para dejarlos esclavos de la maldad, ni hundirlos más en el pecado. Es el amigo que libera con su Misericordia.

Siguiendo un poco con el Evangelio del Domingo pasado, todos estamos invitados a sentarnos a sus pies, como María, hermana de Marta y Lázaro. Lázaro a quien Jesús también llama expresamente "amigo". Amigo ante cuya tumba llora y a quien resucita después de cuatro días de fallecido.

El Domingo que viene también Jesús nos hablará de Dios como amigo, cuando enseñe el Padrenuestro a sus discípulos. Alguien que no se desentiende de nuestras necesidades, dispuesto a dar el mayor de los dones a quienes se lo pidan, el Don del Espíritu Santo. Amigo que se preocupa por "el pan nuestro de cada día", de perdonarnos como perdonamos, de no dejarnos caer en tentación y librarnos del mal.

Sepamos recurrir siempre a Él, a nuestro amigo por excelencia

miércoles, 14 de julio de 2010

"Jesucristo, Señor de la Historia..."

Este título dado a Jesús en la Oración por la Patria, brota de la espiritualidad bíblica que concibe y manifiesta a Dios, como una Entidad Perfecta, pero sobre todo como una realidad Personal en relación con...

El Dios de Israel es Alguien que entra en contacto y lo hace no sólo con las personas individuales, sino también con el Pueblo, dentro de su historia. Así, ésta es un lugar de manifestación divina.

La imagen bíblica del Creador que se entretiene amasando el barro para formar a Adán tiene que ver con los procesos históricos que van delineando los rasgos humanos del hombre. Dios mete sus manos en el barro del hombre para construirlo a imagen y semejanza suya. Si queremos ir más a fondo podemos afirmar que el Señor se ensucia en la historia fangosa, para triunfar en ella sacando de su fondo, informe y oscuro, su obra maestra.

Esa obra maestra es Jesucristo. En la Biblia, Él es la Imagen Perfecta del Padre, el Nuevo Adán incorruptible, hacia quien deben tender todas las cosas. De allí que Jesús es el Señor de la Historia por una triple razón: la primera, por ser Divino y co-Creador con el Padre y el Espíritu Santo; la segunda, por ser quien redime la historia humana, mediante su Cruz y Resurrección; la tercera, por ser el punto final a donde ella se dirige.

En el tiempo presente estamos siendo amasados para arribar al punto final y, en ese proceso, encontramos idas y vueltas, rebeldía y obediencia al Plan de Dios. Puede llegar a haber compromisos con maldades personales y sociales. Puede que hasta se lleguen a imponer esquemas que contradicen frontalmente a la Salvación que Jesucristo trae a la tierra. Ya Jesús había dicho, tras el beso de Judas Iscariote: “esta es la hora de ustedes y el poder de las tinieblas” (Lc 22, 53). Sin embargo, ello no implica que Jesús haya dejado de ser el Señor. De hecho, cuando, más tarde, Pilato le pregunta si es rey, la respuesta es contundente y clara: “Tú lo dices, yo soy rey”(Jn 18, 37) Tres días después Jesús resucitará, mostrando que no era un delirio lo que decía.
De ese señorío de Jesús, que pasa por la Cruz, somos partícipes nosotros. Por eso, no cabe en la comunidad cristiana ni el desaliento, ni el asombro frente a la hora trágica. Nuestro Reino no es de este mundo, pero comienza en él, y en él se va concretando; es un Reino en el cual Dios nos quiere comprometidos. Nuestros éxitos no son estadísticas, ni gestiones, ni leyes impuestas, sino la glorificación final de todos los que se acogen a la Misericordia. Ese Reino tiene un éxito impostergable e ineludible. Luchemos por entrar en él a partir de la hora presente, transformándola, en la medida de nuestras posibilidades, sabiendo que contamos con Dios

“Pronto regresaré trayendo mi recompensa, para dar a cada uno según sus obras. Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin ¡Felices los que lavan sus vestiduras para tener derecho a participar del árbol de la vida y a entrar por las puertas de la Ciudad!” (Ap 22, 12-14)