Video gentileza de la Comisión Nacional de Comuniaciones
Vocaciones
TRADUCTOR
jueves, 28 de julio de 2016
lunes, 25 de julio de 2016
sábado, 23 de julio de 2016
Domingo 17° durante el año
De la lectura del santo evangelio según San Lucas (11,1-13):
El evangelio narra que un día Jesús había madrugado porque
quería orar a solas. Los apóstoles salen a buscarlo y lo encuentran concentrado
con su padre. Al volver, no hacen otra cosa que pedirle: “enséñanos a rezar”. Quizás
nos preguntemos ¿para qué rezar? Si Dios sabe mejor que nosotros lo que nos
hace falta
Nuestra oración no
consiste en Pedir sólo pedir. Necesitamos mentalizarnos que sin Él nada somos.
Oración es alabarlo y agradecerle todo cuanto nos ha dado,
empezando por la vida, la fe…Oración es ponernos dócil y confiadamente en sus
manos. Oración es tomar conciencia de que así como Él es con nosotros, nosotros
debemos ser con nuestros prójimos, tal como Jesús enseña que si no perdonamos
de corazón, no esperamos perdón de Dios. La oración del Padre Nuestro más que
una fórmula para memorizar es la divina receta de la vida diaria.
Pongámosla en práctica!
Pbro. Roberto Aguirrez
sábado, 16 de julio de 2016
Domingo 16° durante el año
Del evangelio según San Lucas (10, 38-42) :
Pbro Roberto Aguirrez
Podríamos decir que Marta y María representan dos aspectos
del vivir cristiano: de abrirnos de par en par al Señor para que nos llene de
su Espíritu y su sabiduría (María) para luego volcar tanta riqueza en obras de
verdad y caridad (Marta) las dos actitudes se complementan: llenarnos de Dios y
volcarlo a los demás.”Busquen el reino de Dios y lo demás se les dará por añadidura”. Ahí está la clave. No irse a los extremos. Ni ser espiritualistas ni caer en
materialismos.
En nuestra relación
con Dios lo más importante es que le prestemos atención a Él y no a las cosas
que hacemos por Él.
En nuestra relación con los hermanos lo más importante es
estar atentos a las personas mismas y no hacer cosas en torno a ellas.
Pidamos al Señor no
dejarnos llevar por una actividad desbordada que me distraiga de lo más
importante: Dios y mis hermanos.
Pbro Roberto Aguirrez
domingo, 10 de julio de 2016
Quién es mi hermano y quién mi hermana?
"La parábola del buen samaritano",
conocida por muchos y practicada por pocos, hoy nos vuelve a sonar a nuestros
oídos. Dejémonos sorprender por esta parábola del Maestro.
Desde luego que Jesús es el Buen Samaritano y nosotros su pálido reflejo. Eso está fuera de toda duda. Estamos llamados a imitar día a día en cada gesto, actitudes y obrar. Aunque no pretendamos ser el buen samaritano sino aquellos que estimulados por el Buen Samaritano, hacemos el bien y creemos en Él.
La situación que nos presenta el evangelio de hoy fue suscitada por la pregunta del doctor de la ley que se acercó a Él. Su pregunta "quién es mi prójimo?" hoy la podemos cambiar, sin perder su sentido, por esta otra: Quién es mi hermano y quién es mi hermana? Esta pregunta nos debe interpelar a todos porque hoy decimos muy seguido: "estuve con un extraño", "en mi vida lo vi", "no, ni idea", "es un desconocido", "NN", etc.
Muchos de nosotros estamos viviendo unas relaciones muy parecidas a extraños y desconocidos. No se trata pues de un problema de conocimiento sino de actitud y opción que gana cada día más y más terreno.
Alguien dijo que el prójimo es alguien que llega a mi vida sin permiso y me invita a obrar como Dios ha obrado conmigo. Pensando en esto uno debería caer en la cuenta que todos los días Dios esta obrando con amor y misericordia en mi vida. Es por eso que yo no puedo tener otra respuesta para mi hermano y hermana que este mismo amor.
Es así que volvemos al mandato primero y principal: Amor a Dios y amor al prójimo. Ser buen samaritano no es una opción sino una orden de Jesús. Pero como? Se puede ordenar y obligar amar? En cierto modo sí. Por que? Porque Él nos amó primero. Él me amó y porque me amó murió por mi.
Jesús, te pido tu ayuda para obrar como buen samaritano y que tu Santo Espíritu me impulse todos los días a ello; que tu Santa Madre me inspire la santa perseverancia para descubrir el amor y la misericordia con que soy beneficiado cotidianamente.
Pbro. José Casimiro.-
Desde luego que Jesús es el Buen Samaritano y nosotros su pálido reflejo. Eso está fuera de toda duda. Estamos llamados a imitar día a día en cada gesto, actitudes y obrar. Aunque no pretendamos ser el buen samaritano sino aquellos que estimulados por el Buen Samaritano, hacemos el bien y creemos en Él.
La situación que nos presenta el evangelio de hoy fue suscitada por la pregunta del doctor de la ley que se acercó a Él. Su pregunta "quién es mi prójimo?" hoy la podemos cambiar, sin perder su sentido, por esta otra: Quién es mi hermano y quién es mi hermana? Esta pregunta nos debe interpelar a todos porque hoy decimos muy seguido: "estuve con un extraño", "en mi vida lo vi", "no, ni idea", "es un desconocido", "NN", etc.
Muchos de nosotros estamos viviendo unas relaciones muy parecidas a extraños y desconocidos. No se trata pues de un problema de conocimiento sino de actitud y opción que gana cada día más y más terreno.
Alguien dijo que el prójimo es alguien que llega a mi vida sin permiso y me invita a obrar como Dios ha obrado conmigo. Pensando en esto uno debería caer en la cuenta que todos los días Dios esta obrando con amor y misericordia en mi vida. Es por eso que yo no puedo tener otra respuesta para mi hermano y hermana que este mismo amor.
Es así que volvemos al mandato primero y principal: Amor a Dios y amor al prójimo. Ser buen samaritano no es una opción sino una orden de Jesús. Pero como? Se puede ordenar y obligar amar? En cierto modo sí. Por que? Porque Él nos amó primero. Él me amó y porque me amó murió por mi.
Jesús, te pido tu ayuda para obrar como buen samaritano y que tu Santo Espíritu me impulse todos los días a ello; que tu Santa Madre me inspire la santa perseverancia para descubrir el amor y la misericordia con que soy beneficiado cotidianamente.
Pbro. José Casimiro.-
lunes, 4 de julio de 2016
LOS LLAMADOS A LA MISIÓN NO SOLO SON EL PAPA, OBISPOS, SACERDOTES Y RELIGIOS@S....
Jesús llamó, además de
los doce, a setenta y dos discípulos más. Pero no sólo los llamó sino que
también los envió (misión). Yo, tú, él, nosotros, vosotros y ellos, todos estamos
llamados a la misión. El “excusómetro” del Evangelio del Domingo pasado, nos
tiene que haber ayudado a medir el nivel y la falsedad de nuestras “excusas”.
Para Cristo no debería ni debe haber excusas.
No sólo tenemos que
ser discípulos de Jesús (admirar, adorar, glorificar, llevar identificaciones,
etc.) sino que hay que ser misioneros (testimoniar, anunciar, obrar,
perseverar, orar, etc.); discípulos y misioneros de nuestro Señor, para que
nuestras familias y comunidades, tengan vida en Él.
La Iglesia de
Latinoamérica y del Caribe te invita a sumarte a la Misión Continental. Es
vivir en un estado de misión permanente para pasar de una pastoral conservadora
a una pastoral decididamente misionera. Yo, tú, él, nosotros, vosotros y ellos
somos co-responsables de la única misión: El Reino de Dios en este mundo.
El Papa Francisco nos
invita constantemente a ser una “Iglesia en salida”, es decir una Iglesia
Misionera. ¿Y qué se nos pedía en la Oración y en el Himno del reciente
Congreso Eucarístico Nacional?: “Con la alegría que nos da tu Palabra, salimos
al encuentro de todos los argentinos, sin excluir a nadie, para gestar juntos
una cultura del encuentro en la patria, siendo auténticos discípulos
misioneros” y en el himno cantábamos: “Haz que salgamos al encuentro de quien
necesita más. Como tus discípulos, es el lío del amor”.
Como escuchamos en el
Evangelio de hoy “la cosecha es abundante, pero los trabajadores con pocos.
Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha”; no
descuidemos la oración por las vocaciones de especial consagración ni la
oración por la familia, que es el semillero de vocaciones. Así también, no
desoigamos las palabras que a continuación nos expresa Jesús: “¡Vayan! Yo los
envío como a ovejas en medio de lobos”.
Hagámonos estas
preguntas: ¿Cuál considero que es la cosecha a la que el Señor me invita a
trabajar? ¿Desarrollo actualmente alguna labor misionera? ¿He experimentado la
compañía de Jesús en los momentos difíciles de mi misión? Ir de dos en dos,
implica trabajo de equipo: ¿Me siento cómodo trabajando con otros?
Jesús, que acojamos tu
llamado y atendamos tus recomendaciones muy diligentemente; sabemos que los más
importante no es que nuestros nombres estén en calles o placas, nuestra imagen
en una estatua, sino que se encuentren grabados en tu Reino celestial. Señor,
aquí estoy, envíame a evangelizar donde Tú quieras. Acompáñame en la misión que
me encomiendas.
Pbro. José Casimiro Torres
sábado, 4 de junio de 2016
Comisión Episcopal de Comunicación Social
Viernes 3 de junio de 2016
En
primer lugar quiero compartir con ustedes la alegría de volver a
presidir la Eucaristía organizada por la Comisión de Comunicación del
Episcopado, con motivo del día del periodista.
Un pequeño
grupo comenzó en el año 1963 con el afán de aunar los anhelos de
quienes, volcados a la vocación periodística, querían trabajar codo a
codo con sus colegas y que compartían la inquietud de profundizar en la
fe.
Este grupo de amigos sigue
cada año en la cercanía del 7 de junio celebrando la Misa en el Día del
Periodista y este año el Club Gente de Prensa lo celebrará el mismo día 7
de este mes.
Pero el día del periodista fue instituido en el
año 1938, en la Provincia de Córdoba, por el Primer Congreso Nacional
de Periodistas, recordando aquel 7 de junio de 1810 en que Mariano
Moreno fundó la Gaceta de Buenos Aires:
"¿Por
qué se han de ocultar a las Provincias sus medidas relativas a solidar
su unión, bajo nuevo sistema? ¿Por qué se les ha de tener ignorantes de
las noticias prósperas o adversas que manifiesten el sucesivo estado de
la Península?... Para el logro de tan justos deseos ha resuelto la Junta
que salga a la luz un nuevo periódico semanal, con el título de la
Gaceta de Buenos Aires".
Un nuevo medio que
sale para consolidar la unión de las Provincias. Celebramos en este año
del Bicentenario el día del Periodista renovando el compromiso de la
Unidad y recordando y haciendo propio lo que el Santo Padre San Juan
Pablo II compartió a los representantes de la Unión Católica
Internacional de Prensa en diciembre del 2002:
Ser periodista:
«Significa
simplemente ser una persona íntegra, que en su vida personal y
profesional refleja las enseñanzas de Jesús y del Evangelio».
«Significa
luchar por los ideales más elevados de excelencia profesional, siendo
un hombre o una mujer de oración que busca siempre dar lo mejor que
puede ofrecer».
«Significa tener el valor para
buscar e informar sobre la verdad, incluso cuando la verdad es incómoda
o no es considerada como "políticamente correcta"».
«Significa
ser sensible a los aspectos morales, religiosos y espirituales de la
vida humana, aspectos que con frecuencia son mal comprendidos o
deliberadamente ignorados».
«Significa
informar no sólo de los crímenes y tragedias que tienen lugar, sino
también de las acciones positivas y ennoblecedoras realizadas a favor de
los necesitados: los pobres, los enfermos, los discapacitados, los
débiles, aquellos que de otro modo son olvidados por la sociedad».
«Significa ofrecer ejemplos de esperanza y heroísmo a un mundo que siente una necesidad desesperada de ambos».
Con
estas consideraciones de San Juan pablo II, rezamos por esta vocación
de tanta importancia y que tanto bien puede hacer a los hombres y
mujeres de todos los tiempos. Comunicar en la verdad, y comunicar para
el bien, comunicar, con Misericordia tendiendo puentes, este debe ser el
objetivo de un verdadero comunicador.
La Providencia ha
querido que lo celebremos en la Solemnidad del Sagrado Corazón. Imagen
clara del Amor de Dios. Jesús, y su Corazón refleja su Amor hasta el
extremo. Corazón que hace presente lo más íntimo de la persona y sede o
lugar de los mejores sentimientos.
El amor dice el Santo
Padre Francisco, por su naturaleza es comunicación. Nos invita el Papa
en este nuevo mensaje con ocasión a la 50º Jornada Mundial de las
Comunicaciones a vivir la comunicación en este rasgo del amor, un amor
que ayuda a crear puentes, a acercarnos, a comprendernos, un amor que es
comunicación ayuda a saber del otro, a escucharlo y no meramente a
oírlo, porque sola la escucha experimenta cercanía.
En estos
tiempos que vivimos y también como hombres y mujeres encarnados en la
patria podemos preguntarnos si nuestras palabras y nuestras actitudes,
están en la línea de crear puentes y contribuye la comunicación para la
comunión. Dios es el Padre que nunca se da por vencido. Que busca, y
carga sobre sus hombros. Y ante el “encuentro nos invita a la alegría
compartida” a hacer fiesta. Nada para Dios está perdido. Así somos
invitados a vivir con desprecio y horror ante el mal, pero con profundo
amor y compasión al que lo provoca, que no se opone a la justicia.
El
mensaje de este año para toda la iglesia y para todos los hombres y
mujeres de buena voluntad del mundo, parece que fue dirigido
especialmente a nuestra Patria. Crear comunidades más fraternas es crear
lazos más fraternos. Todos sabemos y experimentamos que viejas heridas
y resentimientos ahondan caminos de desencuentro, por eso el papa
Francisco nos recuerda la necesidad de activar en nosotros un nuevo modo
de hablar, un nuevo modo de dialogar para crear puentes, como decíamos
antes. Aún el lenguaje de la política, de la diplomacia, nos dice
Francisco, debe ser inspirada por la Misericordia que nunca da nada por
perdido.
En este último documento “El Bicentenario, tiempo
para el encuentro fraterno de los argentinos” compartimos los obispos,
que “la casa común que formamos todos los argentinos, simbolizada en la
casa histórica de Tucumán no se cuida y se construye solo preservando el
bienestar material de los ciudadanos, sino desarrollando un proceso
educativo que, además de ofrecer información y capacitación, forme a los
argentinos en valores, los haga capaces de reconocer sus fragilidades y
desarrolle en cada uno las virtudes cívicas que conforman una red de
compromisos estables” (nº 63). Creo que en este camino debe encontrarnos
a los comunicadores.
Es consolador pensar y vivir con la
certeza que el Amor de Dios haya sido derramado en nuestros corazones.
Estamos llamados en todo y en toda actividad a derrochar por tanto a
derramar el Amor de Dios que siempre sana y rescata.
______________________________
Conferencia Episcopal Argentina
Suipacha 1032 (C1008AAV) - CABA
viernes, 27 de mayo de 2016
Reflexiones de Corpus Christi
- Misericordia y Eucaristía
Conocedor de los dolores que nos
aquejan se quedó para fortalecernos en las dificultades, para iluminarnos en
las responsabilidades que debemos asumir en nuestra vida y en la historia de
nuestro pueblo.
No se quedó para que nos aislemos
del mundo buscando una intimidad falsa con él, sino para que vivamos su amistad
hondamente en la carne del hermano solo y desamparado. Sí, porque así como el
Señor se identificó con el pan y el vino, también se identificó con los más
pequeños que sufren. Se quedó en la Hostia y en el prójimo doliente.
No se quedó porque lo merezcamos,
se quedó porque lo necesitamos, se quedó gratuitamente por amor, por
misericordia. Misericordia para todos, no sólo para los que están en pecado,
sino para todos, porque todos la necesitamos. Aquí no hay superiores, aquí
todos somos necesitados del amor misericordioso de Cristo hecho carne en el
seno de la Virgen, hecho pan en la Santa Misa, hecho prójimo en la calle y en
el día a día.
Remos: Jesús, misericordia que se hace pan del
camino, escúchanos
Para que te busquemos en cada celebración de la Misa, en la adoración sencilla y te encontremos misericordioso.
Para que te busquemos en cada hermano que sufre
abandono, desprecio, postergación, ignorancia, desconcierto, injusticia,
humillación y seamos misericordiosos contigo.
Para que te descubramos vivo, siempre
misericordioso y dejemos de lado nuestros perfeccionismos que nos llevan a la
soberbia.
2. Iglesia
misericordiosa y eucarística
Iglesia que se alimenta de la
Eucaristía sólo puede ser misericordiosa, porque la Eucaristía es el gran gesto
de misericordia de Cristo. Pretender una Iglesia perfeccionista, llena de rigor
para todos, que sólo sabe aplicar normas y prescripciones, es traicionar la
Eucaristía que es fuente y cumbre de su vida.
Por eso nuestra parroquia, está llamada
a ser “casa de misericordia” Hogar en el que el pecador encuentra su reconciliación,
donde el pobre encuentra la dignidad que Dios le dio, donde todo aquel que
sufre en su espíritu y en su cuerpo halla la paz que lo fortalece para seguir
adelante.
Tal vez no estamos acostumbrados a esta forma
de Iglesia. Por eso el Papa nos invita en este Jubileo de la Misericordia a
recobrar el rostro amable de una comunidad misericordiosa
La
misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su
acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a
los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede
carecer de misericordia (MV 10)
Por
tanto, donde la Iglesia esté presente, allí debe ser evidente la misericordia
del Padre. En nuestras parroquias, en las comunidades, en las asociaciones y
movimientos, en fin, dondequiera que haya cristianos, cualquiera debería poder
encontrar un oasis de misericordia (MV 12)
Recemos: Jesús, has de nuestra Iglesia un oasis de
misericordia
·
Por las personas que se consideran alejadas de la Iglesia, para que sepamos atraerlas mostrándoles el amor del Señor.
Por las personas que se consideran alejadas de la Iglesia, para que sepamos atraerlas mostrándoles el amor del Señor.
·
Para que imitemos
el Corazón misericordioso de Cristo que ofrece su perdón a quien se arrepiente.
·
Para que los
sacerdotes te hagan presente en la Eucaristía y en el Sacramento de la
Reconciliación.
3 3. Familia
misericordiosa y eucarística
El primer lugar para aprender a amar gratuitamente es la familia. Es en su interior donde se dan un sinfín de situaciones en las que podemos sacar lo mejor de nosotros mismos y también lo peor. Para los cristianos es posible reaccionar bien solamente si nos nutrimos con la Persona viva de Jesús, presente en la Eucaristía, que nos habla a través de su Palabra.
Sin embargo, esto no es un seguro
para ser buenos. A veces las situaciones son tales que no reaccionamos como
verdaderos cristianos o ponemos un mal ambiente en nuestro hogar. Cuando esto
nos pasa es bueno recordar que contamos con la Misericordia del Señor. Con ella
podemos recomponer nuestro corazón, reconociendo nuestros errores, luchando por
enmendarlos y dar así a nuestra familia una oportunidad más de reconstruirse.
Si no reconocemos a Jesús como
fuente inagotable de misericordia, no podremos mantener nuestras familias. Si
no nos alimentamos con su Persona en la comunión, con su Palabra en la oración,
con su Caridad en el trato con los más necesitados, nuestra vida hogareña va al
fracaso.
Cuando el Señor está en el hogar
las cosas puede que no sean perfectas, pero pueden ir mejor. Podemos realizar
nuestra vida familiar caminando de reconciliación en reconciliación, aceptando
nuestras debilidades para corregirlas entre todos, agradeciendo y acrecentando
nuestras fortalezas.
Familia es escuela de
misericordia. Hay necesidad de educar en ella desde el primer día. Las
instituciones educativas deben sumarse a esta educación en aras de una sociedad
más sana.
El hogar es lugar privilegiado
para ejercitar la misericordia intergeneracional. Siempre y continuamente
debemos caminar en la reconciliación
Recemos: Jesús, llena nuestras familias de
misericordia
·
Para que haya cada vez más respeto por la dignidad de la mujer y se valore el aporte que hace en el hogar y en la sociedad.
Para que haya cada vez más respeto por la dignidad de la mujer y se valore el aporte que hace en el hogar y en la sociedad.
·
Para que los padres acepten su responsabilidad
frente a los hijos, los promocionen en sus capacidades y los respeten en su
libertad.
·
Para que los mayores sean respetados por los más
jóvenes, sean reconocidos en su sabiduría y experiencia, sean considerados con paciencia.
Jesús nos muestra el rostro misericordioso del Padre que nos ama y perdona. El Espíritu Santo es quien, por pura misericordia, hace posible que el Hijo de Dios se haga presente en el altar de la Misa y hace efectivo el perdón de nuestras faltas. Dios lo hace todo por misericordia, nos cubre con ella.
Si todo quedara allí recibiríamos
este don egoístamente. Pero Dios no quiere eso,
no ha querido “empacharnos” de misericordia. Por eso nos enseña que sólo
los misericordiosos alcanzan misericordia (Cf Mt 5,7) y por eso nos pide que
seamos “misericordiosos como el Padre de los cielos es misericordioso” (Lc
6,36) No quiere seamos como aquel servidor que, habiendo sido perdonado por su
Rey, después no quiso perdonar a su semejante y, a causa de esa mezquindad de
corazón, sufrió el castigo (Cf Mt 18, 23-35)
La misericordia que nos pide
Jesús es estar atentos al dolor del otro para salir auxiliarlo, sintiendo en
nuestra propia carne su sufrimiento. Es tener el corazón alerta para no dejarse
vencer por la el odio y la venganza y perdonar sin que el rencor gobierne
nuestra vida.
La misericordia entre nosotros es
la semilla del Reino de los Cielos que puede ir transformando nuestra comunidad,
para que no sea un sinfín de resentimientos que no nos dejan prosperar.
Efectivamente, nuestra sociedad
es predominantemente cristiana, pero no todos están obligados a seguir nuestro
credo. Sin embargo los ideales que propone el cristianismo pueden ser útiles a
la vida social y entre ellos el de la misericordia es propiamente cristiano.
La misericordia que la Iglesia
recibe de Dios y se esfuerza por vivir es una invitación a la comunidad política
a saber abrazar al diferente e incluso a aquel que pueda resultar contrario a
los intereses sectoriales en tanto y en
cuanto procuren el bien común.
Para los cristianos, sobre todo
los comprometidos en política, se trata de encontrar en el cuerpo del prójimo
el cuerpo de Cristo para ser misericordioso con él. Ir al encuentro del pobre
no para ser paternalista, sino hermano del camino.
Recemos: Jesús, haznos misericordiosos como el Padre
·
Para que trabajemos juntos por nuestros derechos sin generar violencia.
Para que trabajemos juntos por nuestros derechos sin generar violencia.
· Para que no nos encerremos en los intereses de
nuestro propio sector dejando a los demás desprotegidos.
· Para que sepamos superar nuestras diferencias en
pos del bien común.
María,
Madre de la Misericordia hecha
carne y hecha pan, ruega por nosotros
domingo, 8 de mayo de 2016
Domingo de Ascención del Señor
Mensaje del Papa para la 50ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales: Comunicación y Misericordia: un encuentro fecundo
Queridos hermanos y hermanas,El Año Santo de la Misericordia nos invita a reflexionar sobre la relación entre la comunicación y la misericordia. En efecto, la Iglesia, unida a Cristo, encarnación viva de Dios Misericordioso, está llamada a vivir la misericordia como rasgo distintivo de todo su ser y actuar. Lo que decimos y cómo lo decimos, cada palabra y cada gesto debería expresar la compasión, la ternura y el perdón de Dios para con todos. El amor, por su naturaleza, es comunicación, lleva a la apertura, no al aislamiento. Y si nuestro corazón y nuestros gestos están animados por la caridad, por el amor divino, nuestra comunicación será portadora de la fuerza de Dios.
Como hijos de Dios estamos llamados a comunicar con todos, sin exclusión. En particular, es característico del lenguaje y de las acciones de la Iglesia transmitir misericordia, para tocar el corazón de las personas y sostenerlas en el camino hacia la plenitud de la vida, que Jesucristo, enviado por el Padre, ha venido a traer a todos. Se trata de acoger en nosotros y de difundir a nuestro alrededor el calor de la Iglesia Madre, de modo que Jesús sea conocido y amado, ese calor que da contenido a las palabras de la fe y que enciende, en la predicación y en el testimonio, la «chispa» que los hace vivos.
La comunicación tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión, enriqueciendo de este modo la sociedad. Es hermoso ver personas que se afanan en elegir con cuidado las palabras y los gestos para superar las incomprensiones, curar la memoria herida y construir paz y armonía. Las palabras pueden construir puentes entre las personas, las familias, los grupos sociales y los pueblos. Y esto es posible tanto en el mundo físico como en el digital. Por tanto, que las palabras y las acciones sean apropiadas para ayudarnos a salir de los círculos viciosos de las condenas y las venganzas, que siguen enmarañando a individuos y naciones, y que llevan a expresarse con mensajes de odio. La palabra del cristiano, sin embargo, se propone hacer crecer la comunión e, incluso cuando debe condenar con firmeza el mal, trata de no romper nunca la relación y la comunicación.
Quisiera, por tanto, invitar a las personas de buena voluntad a descubrir el poder de la misericordia de sanar las relaciones dañadas y de volver a llevar paz y armonía a las familias y a las comunidades. Todos sabemos en qué modo las viejas heridas y los resentimientos que arrastramos pueden atrapar a las personas e impedirles comunicarse y reconciliarse. Esto vale también para las relaciones entre los pueblos. En todos estos casos la misericordia es capaz de activar un nuevo modo de hablar y dialogar, como tan elocuentemente expresó Shakespeare: «La misericordia no es obligatoria, cae como la dulce lluvia del cielo sobre la tierra que está bajo ella. Es una doble bendición: bendice al que la concede y al que la recibe» (El mercader de Venecia, Acto IV, Escena I).
Es deseable que también el lenguaje de la política y de la diplomacia se deje inspirar por la misericordia, que nunca da nada por perdido. Hago un llamamiento sobre todo a cuantos tienen responsabilidades institucionales, políticas y de formar la opinión pública, a que estén siempre atentos al modo de expresase cuando se refieren a quien piensa o actúa de forma distinta, o a quienes han cometido errores. Es fácil ceder a la tentación de aprovechar estas situaciones y alimentar de ese modo las llamas de la desconfianza, del miedo, del odio. Se necesita, sin embargo, valentía para orientar a las personas hacia procesos de reconciliación. Y es precisamente esa audacia positiva y creativa la que ofrece verdaderas soluciones a antiguos conflictos así como la oportunidad de realizar una paz duradera. «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. […] Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,7.9).
Cómo desearía que nuestro modo de comunicar, y también nuestro servicio de pastores de la Iglesia, nunca expresara el orgullo soberbio del triunfo sobre el enemigo, ni humillara a quienes la mentalidad del mundo considera perdedores y material de desecho. La misericordia puede ayudar a mitigar las adversidades de la vida y a ofrecer calor a quienes han conocido sólo la frialdad del juicio. Que el estilo de nuestra comunicación sea tal, que supere la lógica que separa netamente los pecadores de los justos. Nosotros podemos y debemos juzgar situaciones de pecado – violencia, corrupción, explotación, etc. –, pero no podemos juzgar a las personas, porque sólo Dios puede leer en profundidad sus corazones. Nuestra tarea es amonestar a quien se equivoca, denunciando la maldad y la injusticia de ciertos comportamientos, con el fin de liberar a las víctimas y de levantar al caído. El evangelio de Juan nos recuerda que «la verdad os hará libres» (Jn 8,32). Esta verdad es, en definitiva, Cristo mismo, cuya dulce misericordia es el modelo para nuestro modo de anunciar la verdad y condenar la injusticia. Nuestra primordial tarea es afirmar la verdad con amor (cf. Ef 4,15). Sólo palabras pronunciadas con amor y acompañadas de mansedumbre y misericordia tocan los corazones de quienes somos pecadores. Palabras y gestos duros y moralistas corren el riesgo hundir más a quienes querríamos conducir a la conversión y a la libertad, reforzando su sentido de negación y de defensa.
Algunos piensan que una visión de la sociedad enraizada en la misericordia es injustificadamente idealista o excesivamente indulgente. Pero probemos a reflexionar sobre nuestras primeras experiencias de relación en el seno de la familia. Los padres nos han amado y apreciado más por lo que somos que por nuestras capacidades y nuestros éxitos. Los padres quieren naturalmente lo mejor para sus propios hijos, pero su amor nunca está condicionado por el alcance de los objetivos. La casa paterna es el lugar donde siempre eres acogido (cf. Lc 15,11-32). Quisiera alentar a todos a pensar en la sociedad humana, no como un espacio en el que los extraños compiten y buscan prevalecer, sino más bien como una casa o una familia, donde la puerta está siempre abierta y en la que sus miembros se acogen mutuamente.
Para esto es fundamental escuchar. Comunicar significa compartir, y para compartir se necesita escuchar, acoger. Escuchar es mucho más que oír. Oír hace referencia al ámbito de la información; escuchar, sin embargo, evoca la comunicación, y necesita cercanía. La escucha nos permite asumir la actitud justa, dejando atrás la tranquila condición de espectadores, usuarios, consumidores. Escuchar significa también ser capaces de compartir preguntas y dudas, de recorrer un camino al lado del otro, de liberarse de cualquier presunción de omnipotencia y de poner humildemente las propias capacidades y los propios dones al servicio del bien común.
Escuchar nunca es fácil. A veces es más cómodo fingir ser sordos. Escuchar significa prestar atención, tener deseo de comprender, de valorar, respetar, custodiar la palabra del otro. En la escucha se origina una especie de martirio, un sacrificio de sí mismo en el que se renueva el gesto realizado por Moisés ante la zarza ardiente: quitarse las sandalias en el «terreno sagrado» del encuentro con el otro que me habla (cf. Ex 3,5). Saber escuchar es una gracia inmensa, es un don que se ha de pedir para poder después ejercitarse practicándolo.
También los correos electrónicos, los mensajes de texto, las redes sociales, los foros pueden ser formas de comunicación plenamente humanas. No es la tecnología la que determina si la comunicación es auténtica o no, sino el corazón del hombre y su capacidad para usar bien los medios a su disposición. Las redes sociales son capaces de favorecer las relaciones y de promover el bien de la sociedad, pero también pueden conducir a una ulterior polarización y división entre las personas y los grupos. El entorno digital es una plaza, un lugar de encuentro, donde se puede acariciar o herir, tener una provechosa discusión o un linchamiento moral. Pido que el Año Jubilar vivido en la misericordia «nos haga más abiertos al diálogo para conocernos y comprendernos mejor; elimine toda forma de cerrazón y desprecio, y aleje cualquier forma de violencia y de discriminación» (Misericordiae vultus, 23). También en red se construye una verdadera ciudadanía. El acceso a las redes digitales lleva consigo una responsabilidad por el otro, que no vemos pero que es real, tiene una dignidad que debe ser respetada. La red puede ser bien utilizada para hacer crecer una sociedad sana y abierta a la puesta en común.
La comunicación, sus lugares y sus instrumentos han traído consigo un alargamiento de los horizontes para muchas personas. Esto es un don de Dios, y es también una gran responsabilidad. Me gusta definir este poder de la comunicación como «proximidad». El encuentro entre la comunicación y la misericordia es fecundo en la medida en que genera una proximidad que se hace cargo, consuela, cura, acompaña y celebra. En un mundo dividido, fragmentado, polarizado, comunicar con misericordia significa contribuir a la buena, libre y solidaria cercanía entre los hijos de Dios y los hermanos en humanidad.
La Pastoral de las Comunicaciones invita a los comunicadores de la ciudad y la región, incluyendo a todos los que trabajan en las distintas actividades vinculadas, a participar de la Santa Misa a realizarse en la Catedral Metropolitana este domingo 8 de mayo a las 20:00 celebrando el Jubileo propuesto por SS Francisco.
Previamente, este jueves 5 a las 09:00 en la sede del Arzobispado de Sta Fe, Gral. López y San Jerónimo, Mons. José Ma. Arancedo ofrecerá una rueda de prensa para invitar personalmente a todos los comunicadores a participar de esta celebración.
Fuente: http://acontecerhumboldt.com.ar/2016/2016/05/04/texto-completo-del-mensaje-del-papa-para-la-50a-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-sociales-comunicacion-y-misericordia-un-encuentro-fecundo/
domingo, 1 de mayo de 2016
Domingo 1 de Mayo- San José Obrero
Lectura
del santo evangelio según san Juan (14,23-29):
En aquel
tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que me ama guardará
mi palabra, y mi
Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guardará
mis palabras. Y la
palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a
vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará
el Padre en mi
nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo
lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da
el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis
oído decir:
"Me voy y vuelvo a vuestro lado." Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque
el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando
suceda, sigáis creyendo.» Palabra
del Señor.
Interesante
propuesta e invitación que nos hace la Palabra de
Dios. A medida que avanzamos en este tiempo Pascual dónde el acontecimiento de la Resurrección ilumina de manera especial nuestra vida, el Señor que se identifica plenamente con ella, nos
va marcando la tarea para quienes intentamos seguirlo: “Ser testigos sinceros, honestos y valientes
en la propagación de todo forma de vida,
especialmente la humana”. Asimismo asistimos en este
tiempo que nos toca vivir a a una singular preocupación por nuestro planeta, su cuidado y preservación ante tratamientos inescrupulosos de grandes
grupos económicos concentrados que en
nuestro valle calcahquí tienden a entrar y a quedarse y cuando han
agotado los recursos del suelo se van.
Parece que
la paz que nos da Jesús, y “que no es cómo la da el mundo” es un don y es construcción. Esto de: “Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde” requiere escuchar la Palabra y
discernir en el Espíritu y actuar según ese mismo Espíritu; así como se anuncia la Buena Nueva se debe
denunciar aquello que no se corresponde con el Evangelio, con el Espíritu de la verdad. Lejos de dejarnos
tranquilos y cómodos nos saca, nos impele a
dejar en claro que estamos de parte de la
Verdad y la Justicia y que cuidamos nuestra vida, nuestros recursos y
que los preservamos para las próximas generaciones que habitarán este bendito valle. Este es nuestro desafío, nuestro compromiso con la paz. “Que el Señor nos acompañe y nos guíe a quienes queremos ser fieles a su Espíritu.” Que así sea.
P. Julio D.
Ríos
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