sábado, 23 de abril de 2016

La Conversión pastoral del Catolicismo (Domingo V de Pascua)

La lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles que la Iglesia nos propone para este Quinto Domingo de Pascua nos cuenta el final de la primera misión de Pablo y Bernabé. "En cada comunidad establecieron presbíteros y con oración y ayuno, los encomendaron al Señor en el que habían creído" (14, 23) Todo el texto nos va nombrando los lugares por donde van y cómo va creciendo la Iglesia con el testimonio de la Palabra de Dios.

Es hermoso ver ese crecimiento que sigue hasta el día de hoy y del que nosotros mismos debemos formar parte, porque a la lista de aquellas primeras comunidades se suma también la nuestra; con su identidad y su cultura.

Nuestra manera de ser como pueblo viene a sumarse a la inmensa riqueza de la Iglesia, vienen a engalanarla como la novia a la que se refiere el Apocalipsis en la segunda lectura de este domingo (21, 1-5) Sí, porque nuestro bagaje cultural es una riqueza en la manera de vivir, expresar y proclamar la fe de Cristo, aquella que nos entregó su Iglesia.

Una manera que nos es propia, pero que no nos encierra en un chovinismo, sino que nos abre a la comunión con otras formas de religiosidad. Nos hermana con otros que ven las mismas cosas pero tal vez desde otra perspectiva. Esto es lo que nos hace verdaderamente católicos, parte de la Iglesia fundada por Cristo y presente en cada pueblo que, desde su identidad, asume el Evangelio como un regalo que lo lleva a superarse constantemente.

Como aquellas primeras comunidades, como la de Antioquía desde donde Pablo y Bernabé partieron para evangelizar el mundo, nosotros también debemos testimoniar la Palabra Divina que hemos recibido.  Pero nuestro testimonio no pasa por el hablar bien, ni por los grandes eventos que podamos generar para atraer mucha gente. Nuestro testimonio pasa por vivir el mandamiento nuevo del amor.

El Evangelio propuesto para este domingo nos lo trae (Jn 13, 31-35) y nos advierte por boca de Jesús "En esto reconocerán que ustedes son mis discípulos; en el amor que se tengan los unos a los otros" (v 35)

Si queremos ser una Iglesia convincente que atraiga los hombres y las mujeres a Cristo que nos da la verdadera Vida, no hace falta"inventar" cosas llamativas. El camino es el amor y el amor de Cristo (no cualquier amor), el que se da hasta el extremo (Jn 13,1), hasta la cruz. Es ese amor el motor que nos puede llevar a hacer de nuestras actividades un imán hacia el Evangelio. Sin ese amor nuestras acciones terminan siendo pura hojarasca sin fruto.

Hablamos de conversión pastoral. Pues bien, ella pasa por aquí. No por hacer cosas y cosas, sino por amar al estilo de Jesús. Ojalá, inspirados en María, la Servidora de la Palabra, nosotros comunidad cristiana de este Siglo XXI, hagamos creíble el Evangelio mediante el testimonio del amor. Ocasión privilegiada tenemos en este Jubileo en el que las obras de Misericordia pueden mostrar lo hermoso de la Vida Nueva en Cristo.

P Flavio Quiroga

viernes, 15 de abril de 2016

Domingo del Buen Pastor

El domingo IV después de Pascua es también llamado del Buen Pastor y la Iglesia lo reserva para rezar por las vocaciones de especial consagración.

Se consideran tales aquellas a través de las cuales el Señor convoca a algunos bautizados a vivir una entrega total de sus vidas, a tiempo completo, por el Reino de los Cielos. Como Jesús que se dedicó pura exclusivamente a su difusión, hay cristianos que quieren imitarlo a pleno en esto. Estos son quienes están llamados al ministerio sacerdotal, también los que están convocados a la práctica de los concejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia ya sea perteneciendo a alguna comunidad de determinado carisma, ya sea viviendo en el mundo como laicos consagrados, perteneciendo al orden de las vírgenes o viviendo como anacoretas en absoluta soledad. Los hay también quienes viven estos tres votos de manera privada.

El Papa Francisco en este año nos recuerda que estas vocaciones especiales surgen de la espiritualidad del Bautismo. No son son fruto de merecimientos personales o premio a virtudes superiores. Nacen de la misericordia de Dios. Si son elegidos lo son porque el Señor los miró con misericordia (MV8)

Por otra parte también nos advierte que tales vocaciones se originan y se mantienen gracias a la mediación de la comunidad entera de la Iglesia. No se trata por tanto de ambiciones personalistas o egoístas que simplemente buscan la propia satisfacción. Y, porque nacen a través de la Iglesia tienen por objeto servirla. De esta forma, no se puede pretender vivir una de estas vocaciones como una relación exclusiva entre el candidato/a y Dios, en donde los demás no tienen nada que hacer; todo lo contrario. De allí que el servicio eclesial que de estas vocaciones se desprende está en orden a toda la Iglesia, incluso por encima de las particularidades de los propios carismas y lugares en los que la vocación surge.  El Papa dice: Nadie es llamado exclusivamente para una región, ni para un grupo o movimiento eclesial, sino al servicio de la Iglesia y del mundo. Un signo claro de la autenticidad de un carisma es su eclesialidad, su capacidad para integrarse armónicamente en la vida del santo Pueblo fiel de Dios para el bien de todos.

Siguiendo la invitación del Santo Padre recemos para que las vocaciones nazcan, crezcan y sean sostenidas por la Iglesia toda. Hagamoslo con confianza en Dios que siempre llama y con la esperanza de que los convocados respondan afirmativamente a lo largo de toda su vida.


Sepámonos todos parte del débil rebaño de Jesús que, pastoreado por Él, está llamado a entrar en las praderas del Reino de Dios con la certeza de que nadie puede arrebatarnos de las manos divinas (Cf Jn 27,30)


Mensaje del papa Francisco para la 53ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones (IV Domingo de Pascua, 17 de abril de 2016)

sábado, 9 de abril de 2016

Mensaje de la liturgia del Domingo (III de Pascua Ciclo C)

El tercer domingo de Pascua nos trae el apéndice del Evangelio de Juan, probablemente fruto de la mano de sus discípulos, más que del Apóstol mismo y nos relata la tercera aparición del Cristo resucitado. No es necesariamente la última, porque este apéndice termina diciéndonos que  que "Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relatara detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían" (Jn 21, 25) Aunque este versículo no forma parte del texto litúrgico de hoy, ya nos da pie a pensar que la presencia de Jesús en la vida de la Iglesia no se agota nunca.

Volviendo al relato que nos propone la Iglesia viene articulado en dos partes, la aparición de Jesús en sí misma y la triple profesión de amor de Simón Pedro que concluye con la renovación de la vocación de este Apóstol.

En primer término puede llamarnos la atención el escenario donde se ubica el hecho. A diferencia de las apariciones anteriores no se da en una casa de puertas cerradas, como lo vimos el domingo pasado, sino a las orillas del lago de Tiberíades. La Iglesia ya no está encerrada. Para nosotros que pertenecemos a esta parte del planeta hasta nos puede sugerir que está expectante de encontrar otra costa a donde llevar el Evangelio.

Por eso podemos centrar el mensaje de la Liturgia de este domingo en la acción apostólica de la Iglesia y podemos concluir, en primer lugar que, sin Cristo, es infecunda. Los discípulos deciden ir a pescar, pero sólo con la presencia del Resucitado se produce la pesca. Más todavía, siguiendo las palabras de Cristo que le habla desde la orilla. No es por tanto, el primero de los Apóstoles el que la guía, sino el Señor resucitado. En el Evangelización de los pueblos no son nuestros personalismos los que cuentan, sino nuestra obediencia humilde al Señor; aunque muchas veces no lo veamos claro, como los discípulos en aquel amanecer. Nuestra obediencia a su voz y el amor que él nos tiene, pues es el discípulo amado el que lo reconoce cuando le dice a Pedro "es el Señor"

Pero cuál es el objeto del accionar apostólico de nuestra Iglesia. Pescar. Conseguir para Dios los hombres de todas las culturas de la tierra, atraerlos hacia él, como aquella red llena de peces que más adelante el autor detalla que se trata de ciento cincuenta y tres. Este número no es anecdótico; se trata de la cantidad de especies que se conocían en la antigüedad. Al traerlo a colación Juan se está refiriendo a la totalidad de los hombres y los pueblos.

Pescar hombres para el Señor no tiene otro objeto que darles la oportunidad de encontrar su felicidad vivir para Dios y ante Él en clave da alabanza eterna, aquella de la que nos habla la segunda lectura tomada del Apocalipsis. Una alabanza que para ser eterna no tiene que comenzar después de la muerte, al contrario, tiene que empezar desde ahora y debe abrazar a todos "las criaturas que están en el cielo, sobre la tierra, debajo de ella y en el mar" (5, 13) Llamativo versículo que, siguiendo la línea de la Encíclica Laudato Si, puede hacernos pensar en el cuidado de toda la creación. Toda ella es para alabar al Creador.

Esta alabanza es posible solamente gracias a la Misericordia de Dios que nos rescata de nuestros pecados. Siguiendo al Apocalipsis, tal Misericordia es gracias al Cordero que ha sido inmolado (Cf 5,12) Aquel que, según la Primera Lectura de la Misa de hoy, ha sido constituido "Jefe y Salvador, a fin de conceder a Israel (Pueblo de Dios) la conversión y el perdón de los pecados" (Hech 5, 31).

Así, el anuncio de la red en la que la Iglesia pesca a los hombres de todos los tiempos es la de la Misercordia y paradójicamente, esta red no aprisiona, sino que otorga la verdadera libertad, porque es la que ofrece el perdón de los pecados. La Iglesia obtiene sus pescados, perdonándoles sus pecados.

El Salmo de la misa nos habla de la "noche en que se derraman lágrimas" (29, 6) y de la alegría que renace a la mañana. Todo ello nos puede hacer recordar la noche de la traición de Pedro en la que este lloró amargamente. Esa oscuridad queda curada en este amanecer del que nos habla el Evangelio, cuando San Pedro le dice a Jesús que Él (Cristo) lo sabe todo y sabe que lo ama. Es hermoso darnos cuenta que esto mismo nos pasa a nosotros.

Le recemos a la Madre de Misericordia para que nuestro acción eclesial nos lleve a las orillas más lejanas llevando la Misericordia de Dios que tiene el poder de convertir nuestra vida y hacerla acorde a su amor. Es la mejor alabanza que podemos tributarle a nuestro Dios.

P Flavio Quiroga


domingo, 3 de abril de 2016

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DOMINGO II DE PASCUA, CICLO “C” Jn 20, 19-31


Hagamos juntos esta oración, invocando la ayuda al Espíritu Santo, para que esto que nos proponemos, llegue a ser semilla de nueva evangelización en nuestras vidas.

Espíritu Santo, visítame con tu Presencia densa y ligera, sacúdeme con tu azote semejante a una caricia, atráeme, con el imán de tu Amor, hacia la puerta estrecha por donde se entra al Reino inmenso e inefable del Amor de nuestro Padre Dios. Haz espacio en mí, para que resuene, como un eco, en el paisaje de mi cuerpo y de mi alma, la Palabra de Jesús, la única Palabra con poder de salvar. Visítame, Señor y Dador de Vida, para que pueda ser yo cauce de tu Vida en abundancia. Amén… amén… amén.

Proclamemos el Evangelio para este domingo: S. Jn 20, 19-31.

Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”. Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a Mí, Yo también los envío a ustedes”. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: “Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”. Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: “¡Hemos visto al Señor!”. Él les respondió: “Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré”. Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”. Luego dijo a Tomás: “Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe”. Tomás respondió: “¡Señor mío y Dios mío!”. Jesús le dijo: “Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!”. Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.
Palabra del Señor…

¿Qué dice el texto? Le comparto un resumen que hice del comentario del padre Pedro Donoso [1]

Los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Suponemos que los once apóstoles están juntos, sin embargo también se puede presumir que posiblemente hubiese con ellos otras personas, pero estas no se citan. Los sucesos de aquellos días, siendo ellos los discípulos del Crucificado, les tenían temerosos. Esa es la razón por la cual se ocultaban y permanecían a puertas cerradas. Temía la intromisión inesperada de sus enemigos
Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”. Con ello les dispensó lo que ésta llevaba adjunto (cf. Lc 24:36-43). San Juan omite lo que dice en evangelio de Lucas, sobre que no se turben ni duden de su presencia. Aquí, al punto, como garantía, les muestra “las manos,” que con sus cicatrices les hacían ver que eran las manos días antes perforadas por los clavos, y “el costado,” abierto por la lanza; en ambas heridas, mostradas como títulos e insignias de triunfo, tal así que Tomás podría poner sus dedos.
Jesús, entonces, le anuncia a los apóstoles que ellos van a ser sus “enviados,” como Él lo es del Padre. Es un tema constante en los evangelios. Ellos son los “apóstoles” (Mt 28:19; Jn 17:18, etc.). Jesucristo tiene todo poder en cielos y tierra y los “envía” ahora con una misión concreta. Los apóstoles son sus enviados con el poder de perdonar los pecados.
Al decir esto, “sopló” sobre ellos. Es símbolo con el que se comunica la vida que Dios concede (Gen 2:7; Ez 37:9-14; Sab 15:11). Por la penitencia, Dios va a comunicar su perdón, que es el dar a los hombres el “ser hijos de Dios” (Jn 1:12): el poder de perdonar, que es dar vida divina.
Aquí el regalo del Espíritu Santo a los apóstoles tiene una misión de “perdón.” Los apóstoles se encuentran en adelante investidos del poder de perdonar los pecados.
En esta aparición del Señor a los apóstoles no estaba el apóstol Tomás, de sobrenombre el mellizo. Si aparece, por una parte, el hombre de corazón y de arranque que relata san Juan 11:16. En el capítulo 14:5 san Juan lo muestra un tanto escéptico. Entonces se diría que es lo que va a reflejarse aquí. No solamente no creyó en la resurrección del Señor por el testimonio de los otros diez apóstoles, y no sólo exigió para ello el verle él mismo, sino el comprobarlo. Es así como el necesitaba ver las llagas de los clavos en las manos del Señor, y aún más, meter su dedo en ellas, lo mismo que su mano en la llaga del costado de Cristo, la que había sido abierta por el golpe de lanza del centurión. Entonces, sólo a este precio creerá.
Pero a los ocho días se realizó otra vez la visita del Señor. Estaban los apóstoles juntos, probablemente en el mismo lugar, y Tomás con ellos. Y vino el Señor otra vez, cerradas las puertas. San Juan relata esta escena muy sobriamente. Y después de desearles la paz "¡La paz esté con ustedes!", se dirigió a Tomás y le dijo: “Trae aquí tu dedo”: aquí están mis manos y le mandó que cumpliese en su cuerpo la experiencia que él exigía diciéndole: Acerca tu mano, métela en mi costado. En adelante, no seas incrédulo, sino hombre de fe.
Tomas exclamo: ¡Señor mío y Dios mío! Esta exclamación encierra una riqueza teológica grandiosa y hermosísima. Esta es un reconocimiento de Cristo, es un afirmación de quién es El.
Tomás fue reprochado, no porque el ver para creer sea malo, sino por haber rechazado el testimonio de los otros apóstoles que vieron. Para creer hay que verlo directamente, como los apóstoles, o indirectamente, como nosotros, que nos apoyamos en el ver y en la predicación solemne y pública de los apóstoles.
Dice el Señor: ¡Felices los que creen sin haber visto!  Es la bienaventuranza de Cristo a los fieles futuros, que aceptan, por tradición ininterrumpida, la fe de los que fueron elegidos por Dios para ser testigos oficiales de su resurrección y para transmitirla a los demás.

¿Qué me dice el Evangelio de hoy? 

Asustados y atemorizados, muchas veces testimoniamos la fe en Jesús, muerto y resucitado. Encerrados, escondidos y cómodos en nuestras casas vivimos la fe. Nos cuesta salir y testimoniar a otros que Jesús está vivo en medio de nosotros y que camina a nuestro lado. Nos preguntemos:

¿Tenemos fe en Jesús? Los discípulos de Jesús permanecían escondidos. Nosotros quizás estamos en un estado similar. Quizás leemos la Biblia, vamos a misa dominicalmente, e incluso hacemos algunas obras de caridad, pero no nos preocupamos de conocer más nuestra fe, sobre todo para saber dar razones de nuestra fe cuando es criticada o puesta en el banquillo del acusado. Quizás pensemos en la paz como ausencia de conflictos de cualquier tipo, y de preocupaciones. La paz cristiana no se opone a tales conceptos, pero también consiste en la tranquilidad de vivir cumpliendo la voluntad de Dios. Amigo y amiga, acojamos la paz del Señor. Sintámonos tranquilos aunque vivamos situaciones dolorosas, porque, Jesús nos ha dado su paz y así podrás responder a la pregunta de si tienes fe en Jesús. 

¿Nos alegramos de creer en Jesús resucitado? Muchas de las crisis de fe que vivimos hoy, están causada por el hecho de confundir la realidad con los sentimientos. Vivimos en la civilización del sentimentalismo. Amamos a nuestros familiares y amigos, no porque consideramos que ello sea un deber para con quienes nos aman, sino porque lo sentimos. Esta mentalidad puede atraernos desengaños y sufrimientos. De la misma manera que creemos que no experimentamos el amor a nuestros familiares con la misma intensidad cuando los abrazamos después de pasar tiempo sin verlos que cuando discutimos con ellos y nos enfadamos, sentimos que la intensidad de nuestra fe en Dios no es la misma cuando terminamos de vivir unas emotivas celebraciones (en Pascua, Navidad, Retiros espirituales y/o patronales), que cuando tenemos un grave problema que resolver, el cual nos produce una gran preocupación. Los discípulos de Jesús se llenaron de alegría cuando el Señor resucitó. ¿No son suficientes las pruebas del poder del Señor que vemos en el mundo y en nuestra vida para creer en la Resurrección de Cristo? Jesús forma parte de nuestra vida, lo vemos reflejado en nuestros prójimos, y lo recibimos en la Eucaristía. El Cuerpo de Jesús Resucitado no está sometido a las limitaciones que nos caracterizan a nosotros… Él está en todas partes.

¿Cómo servimos a Dios? Jesús nos da su paz y nos envía a evangelizar y a beneficiar a la humanidad. El Papa Francisco nos dijo al iniciar su ministerio petrino que el verdadero poder es servicio. La autoridad cristiana no es la lucha sin tregua de quienes desean ser poderosos para conseguir ver realizada su aspiración. La autoridad cristiana proviene de Dios, y por ello debe estar encaminada, a predicar el Evangelio, y a servir a quienes necesiten nuestros dones, espirituales, y, materiales. 

¿Qué le decimos a Jesús? ¿Qué respuesta damos a la Palabra del Señor en este domingo?

Para ir cerrando este comentario y oración con el Evangelio de este domingo 2° de Pascua del ciclo C, te invito a que hagamos esta oración:

Ven, quédate con nosotros, Señor, y aunque encuentres cerrada la puerta de nuestro corazón por temor o por cobardía, entra igualmente. Tu saludo de paz es bálsamo que hace desaparecer nuestros miedos; es don que abre el camino a nuevos horizontes. Dilata los angostos espacios de nuestro corazón. Refuerza nuestra frágil esperanza y danos unos ojos penetrantes para vislumbrar en tus heridas de amor los signos de tu gloriosa resurrección. Con frecuencia también nosotros nos mostramos incrédulos, necesitados tocar y ver para poder creer y ser capaces de confiar. Haz que, iluminados por el Espíritu Santo, podamos ser contados entre los bienaventurados que, aunque no han visto, han creído.
Jesús Resucitado, te pido por los hermanos enfermos, abandonados y que viven en condiciones extremas. Te pido por los niños y jóvenes. Por los ancianos y matrimonios en crisis. Danos esa paz que les diste a tus Apóstoles. Sopla en nosotros al Espíritu Santo y renuévanos con sus dones. Amén, amén, amén.

Gracias, amigo y amiga por este momento compartido. Ojalá el próximo domingo nos demos una vez más este tiempo para orar, reflexionar y comentar con el Evangelio del Domingo. Te saludo con afecto y recuerdo en la oración. Hasta otro momento y Dios nos bendiga. 
PBO. José Casimiro Torres




martes, 15 de marzo de 2016

CAMBIOS EN 2016

Con gozo y desde la fe, vivimos los cambios anunciados por Mons. Demetrio Jiménez durante la reunión del consejo prelaticio en Cafayate durante el presente año. Los mismos se llevaron a cabo los días 5, 6, 12 y 13 de marzo del presente año.
 Las comunidades recibieron a los nuevos curas Párrocos en: Amaicha, Colalao del Valle, Cafayate y San Carlos.  Nuestros padres: Roberto, José, Walter y Flavio, queridos hermanos con los que seguiremos creciendo en la fe, en la esperanza y en la caridad se desepeñarán la prelatura sirviendo en sus nuevos destinos. Los confiamos en la Misericordia Divina y rogamos para que la labor que desempeñen durante este tiempo,  en cada una de nuestras comunidades laicales, sean  plenas de  frutos abundantes en la Gracia. Agradecemos su entrega generosa, su voluntad de servicio y su cariño fraternal.
Como laicos nos comprometemos a ayudarlos en la tarea que Dios depositó en sus manos y nos abandonamos a su Divina Providencia.


domingo, 8 de junio de 2014

Domingo de Pentecostés

Celebramos hoy el Domingo muy particular, el de Pentecostés. En él recordamos la venida del Espíritu Santo sobre la comunidad fundad por Jesús.

El Libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta el episodio en su Capítulo Segundo. Allí se nos habla del Don de Lenguas: Los discípulos tras haber recibido el Espíritu Santo salen afuera y hablan en distitnas lenguas.

Ese Don no ha cesado en toda la historia de la Iglesia y nosotros estamos también llamados a vivirlo. La Liturgia de las Horas nos trae un magnífico sermón de un autor africano del siglo sexto. Allí el autor expresa
Por tanto, si alguien nos dice: "Has recibido el Espíritu Santo, ¿por qué no hablas en todas las lenguas?"  debemos responderle: Hablo ciertamente en todas las lenguas ya que pertenezco al cuerpo de Cristo, esto es a la Iglesia, que habla en todas las lenguas. Lo que Dios quiso entonces significar por la presencia del Espíritu era que la Iglesia, en el futuro, hablaría en todas las lenguas"
 Hoy hablar en lenguas quiere decir saber comprender la cultura en la que estamos e interpretarla dentro del Plan de Salvación que Dios tiene para cada cultura, dentro de la unidad plural de la Iglesia. Saberla comprender y anunciarle a quienes viven esa cultura (cualquiera sea) las maravillas de Dios.

La proclamación de esas maravillas en la lengua, en los códigos culturales en los que nos movemos, es lo que nos hace específicamente cristianos en el mundo que protagonizamos. De esa manera introducimos en ellos la fuerza del Espíritu Santo que la hace capaz de llegar a su máxima realización que es la salvación eterna.

Animémonos a hablar en las lengua de nuestra cultura las maravillas de Dios.

Feliz Pentecostés!

lunes, 12 de mayo de 2014

Palabras de nuestro Obispo al tomar posesión de la Prelatura (AICA)

Palabras de monseñor José Demetrio Jiménez OSA, obipos de Cafayate en su ordenación episcopal (10 de mayo de 2014, Día de la Vigilia de Jesús, Buen Pastor)

Hoy es día de acción de gracias. Y me corresponde expresarlo, aun a riesgo de alargarme de modo indebido.

Gracias…

  • A Dios por la vida... que se me concedió y me fue preservada en situaciones complejas. En la familia donde se dio, con quienes me precedieron...
  • Gracias a mi padre, aquí presente; a mi madre, ya difunta y presente de otro modo. A mis abuelos difuntos. A mis hermanos: 4 mujeres y 1 varón, tres de ellos aquí. A sus maridos y esposa. Y a los sobrinos, particularmente Daniel, con dificultades desde que nació, que apenas pronuncia pero con quien hablo casi todos los domingos por Skype. Y a su madre, Pilar, que hace casi 19 años me donó de su médula ósea; y a su padre, Serafín. Y a Gema y Antonio. Gracias también a los médicos que me asistieron y a las enfermeras que me cuidaron durante mi única enfermedad larga. Y al hermano agustino Rafael Castilla que me acompañó tanto.
  • Gracias a este pueblo calchaquí que me acepta entre los suyos y por cuya mediación Dios me bendice. Yo, aborigen de otros pagos, originario de otra tierra que siente este suelo como suyo, esta casa como hogar: lugar donde me encuentro a gusto, que me da paz en el ánimo y me hace mejor persona. Gracias a esta Prelatura, que me revitalizó espiritualmente, me fortificó la salud, me hizo buen cristiano.
  • Gracias por la vocación que me fue dada en la Orden de San Agustín, y que no me queda sino entregar en esta nueva misión. Que «crece cuando se da, que no mengua cuando se dona», como dijo Agustín de Hipona del amor (Carta 192, 2). Que me recibió pronto y me cuidó durante tantos años, más de 30. Gracias por haber podido estudiar, por continuar aún aprendiendo. Un recuerdo especial para mi Maestro de Novicios, Pedro Miguel, y para el P. Antonio Macía; y a Ángel Ruiz, José Miguel Nistal y Domingo Canet, compañeros de promoción. Y a los también agustinos Ángel Camino y Bonifacio Sobrino.
  • Gracias a los hermanos del Vicariato de Argentina y Uruguay, en cuyas casas viví hasta hoy por más de 15 años. A los agustinos de América Latina, que me ofrecieron la posibilidad de conocer personas magníficas y lugares hermosos de este extenso continente a través de la Organización de Agustinos de Latinoamérica y el Proyecto de Revitalización de la Orden. Una oración particular por los agustinos de la Provincia de Brasil, para que continúen adelante a pesar de todo.
  • Gracias a los hermanos obispos de nuestra Prelatura, padres y predecesores: Diego, difunto, a quien apenas conocí y que este pueblo recuerda tanto; Cipriano, de quien fui Secretario, a quien agradezco su confianza; y Mariano, que en su tiempo fue también mi Provincial, Prior y Vicario Regional, a quien doy gracias por lo que llega hasta hoy y lo que vendrá. Gracias igualmente al P. Alberto Bochatey, obispo auxiliar de La Plata, aquí presente. A los agustinos, agustinas y sacerdotes que trabajaron en esta Prelatura, particularmente a los difuntos, como el P. Salustiano. A Julio Ríos, también agustino, por motivos de amistad. Y a don Eusebio Mamani, que tan lindo canta La flor del cardón; y a don Severo Chaile y a don José Rubén Quiroga, de quienes aprendí lo mucho que enriquecen nuestra Iglesia las tradiciones de este pueblo. Gracias a los demás hermanos obispos presentes, particularmente al Arzobispo de Salta, Mario Antonio Cargnello, y al querido Cardenal Estanislao E. Karlic. Gracias a Ángel Fernández Collado, obispo auxiliar de Toledo, diócesis a la que pertenece el pueblo donde ambos nacimos. Y a José Miguel, sacerdote que le acompaña. Un cordial saludo en la distancia para la gente de Los Cerralbos, lugar de nacimiento en el que viví mis primeros años.
  • Gracias por las comunidades que me reciben, por los sacerdotes de la Prelatura que me acompañan y los seminaristas; por las religiosas Agustinas Misioneras (un recuerdo particular y un saludo especial para la Hna. Consolación Álvarez), Hermanas del Buen Pastor, Hijas de la Inmaculada Concepción de la Caridad, Misioneras de Jesús Verbo y Víctima; por los Hermanos de la Sagrada Familia, por el testimonio de nuestros mayores, por las tradiciones espirituales en que navegamos...
  • Gracias por el pueblo de Dios al que pertenezco, por la Iglesia que me sostiene, por la gente que me acompaña, enseña y alienta, que me quiere más de lo que merezco, generosos conmigo más que yo mismo... No he sido obispo hasta ahora: me corresponde aprender. Les pido que me ayuden a serlo.
  • Gracias por llevar una vida excepcionalmente normal, con luces y sombras, con oportunidades sin fin... Porque hoy continúa siendo un punto de partida y no he llegado aún a la meta.
  • Gracias también por tener a Francisco como Papa, don de Dios a la Iglesia Universal desde Argentina. Gracias igualmente por haber sido invitado a vivir como obispo su compromiso eclesial.
Gracias, en fin, porque sigo caminando. Y me queda el día a día, lo extraordinario de lo cotidiano, la belleza de lo sencillo, la eternidad de cada instante, el consejo de san Agustín: «sé grande en las cosas grandes, pero no seas pequeño en las pequeñas» (Sermón 213, 1).

«La vida me han prestao y tengo que devolverla, cuando el Creador me llame para la entrega», canta la chacarera. Gracias, pues, por la vida, «que me ha dado tanto» (parafraseando la afamada canción de Violeta Parra): los ojos y los oídos, los pies y el corazón, la risa y el llanto. Los mejores materiales para hacer un bello canto. Quiera Dios que lo componga cada día de mi vida y que pueda devolver a la Prelatura algo de tanto como ya me dio.

***

Un saludo, pues, a todo el pueblo Calchaquí:


  • A quienes pertenecen a la Iglesia Católica.
  • A los hermanos de otras religiones, confesiones cristianas y movimientos religiosos.
  • A las comunidades indígenas, desde las que muchas personas comparten nuestra fe y cuya existencia nos enriquece.
  • A quienes piensan distinto, a quienes son de otra visión de la vida, a quienes discrepan.
  • A los ancianos y los enfermos, a los niños, adolescentes y jóvenes, a quienes no tienen lo suficiente para el desempeño de una vida digna, a los que son presa de las adicciones, a quienes apenas llegan a fin de mes con sus recursos, a los movimientos sociales, a quienes con emprendimientos sustentables y empresas honestas procuran trabajo digno a nuestra gente.
  • A las autoridades civiles (locales, provinciales, regionales, nacionales) que desempeñan con honradez el mandato popular de servir al bien común.

Y propongo:

  • Que continuemos cuidando con esmero la vida que se nos ha concedido en este Valle: generoso en sus gentes, hermoso en sus paisajes, rico en su diversidad.
  • Que no olvidemos nuestras tradiciones, tan autóctonas como transidas de fe, tan unidas al valor de la familia, el cuidado de los niños, el respeto de los ancianos.
  • Que reconozcamos cómo la más grande riqueza de nuestros valles y cerros está en su gente, con sus sembradíos y animales, las plantas y las vertientes de agua, los antigales y los corrales, sus casas y el azul del cielo… no tanto en los metales que custodia en su entraña la Madre Tierra. Y estos –lo digo con todo respeto- no deben ser sacados de cualquier manera ni a cualquier costo, porque la vida tiene valor, no precio, y es tan digna que no debe cotizarse en ninguna Bolsa ni City del mundo.
  • Que procuremos bajo la responsabilidad de las autoridades pertinentes el establecimiento de proyectos agropecuarios sustentables para el cultivo de nuestras tierras, el cuidado de nuestros ganados, el respeto de la naturaleza, el sustento de nuestra gente con su propio trabajo.
  • Que no permitamos –con la responsabilidad que compete a gobernantes y legisladores, a la Justicia y los Cuerpos de Seguridad del Estado- que la «mala hierba» de la droga continúe difundiéndose entre nosotros, ni que su tráfico circule por nuestras rutas vallistas y sendas serranas desarmando la vida de adolescentes y jóvenes, de familias enteras, de nuestro pueblo… convirtiéndose, además, en seducción para el dinero fácil.


  • Que cuidemos nuestros colegios, nuestros hospitales y nuestros hogares de ancianos, los edifiquemos con instalaciones adecuadas donde se necesitan y no los hay, atendamos debidamente a nuestros niños, adolescentes y jóvenes, protejamos a nuestros enfermos, procuremos una vida digna para nuestros mayores.`
  • Que llevemos a buen término el afán de nuestro primer obispo, el P. Diego, por él mismo reflejado en los bellos versos del poeta José María Pemán:
… Al nacer cada mañana
tan sólo le pido a Dios
casa limpia en que albergar,
pan tierno para comer,
un libro para leer
y un Cristo para rezar…
http://www.aica.org/cita2.png



***
El lema propuesto para mi vida en la misión que, como discípulo de Jesús con ustedes hoy comienzo, es una expresión de san Agustín en su Sermón 78, 6 sobre los pastores: «Ten caridad, predica la verdad». Como propuestas pastorales que me corresponde afrontar y propongo a la consideración de ustedes, están:

1º Asumir creativamente los desafíos de nuestro tiempo
Somos humilde pueblo de Dios. Con nuestro Papa Francisco soñamos «una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual» (La alegría del Evangelio, 27). Nos corresponde continuar edificando la Iglesia en el Valle desde comunidades deiniciación que, engendrando en la fe, alimenten la conversión continua de los bautizados, promoviendo el desafío de «comunicar la vida de Jesucristo» (Aparecida, 386), fomentando la conciencia bautismal, vocacional y carismática de cada cristiano y su llamado a la misión permanente en lo concreto de la existencia: familia, trabajo, sociedad, cultura.

2º Cultivar la humilde vitalidad de la propuesta evangélica
«… un estilo de vida más fiel a la verdad y a la caridad, más sencillo, austero y solidario… comunidad de pobres pecadores, mendicantes de la misericordia de Dios, congregada, reconciliada, unida y enviada por la fuerza de la Resurrección de su Hijo y la gracia de conversión del Espíritu Santo» (Aparecida, 100 h). Es también nuestro desafío valorar cada vez más el acompañamiento y la cercanía, el gesto sencillo y amoroso, la disponibilidad del tiempo para el cuidado de las personas y la edificación de nuestro mundo. Viviendo como vivamos, haciendo lo que hagamos, pensando lo que pensemos, cultivemos siempre lafraternidad que construye la «casa común», el hogar de la fe, la Iglesia al servicio del Reino de Dios, apoyando nuestra acción pastoral en la sacramentalidad de la vida. Porque la vida es sagrada, don de Dios que nos corresponde cuidar en todos de sus estados, en cualquiera de sus situaciones.

3º Reconocer cuanto Dios nos concede en nuestras personas: en nuestro pueblo y sus tradiciones, en nuestra Iglesia con sus instituciones y movimientos, en nuestros agentes de pastoral, en nuestros sacerdotes, en nuestras religiosas, en nuestros religiosos
La sabiduría humilde de la Biblia lo indica. El hombre -varón y mujer- es tierra [adan] que recibe y da vida [eva], campo para ser sembrado y cultivado. Cultivemos la vida en todas sus dimensiones, cuidémoslaparticularmente en sus etapas más frágiles, generemos esta cultura. Es el culto que a Dios le es grato. Porque este es nuestro origen, de aquí venimos (ab-origine), es lo que nos sostiene y sustenta. De esta tierra somos todos aborígenes: campo delicioso [eden], preparado para el cultivo, jardín florido y huerto hermoso en el que germinan las semillas, crecen las plantas, dan fruto los árboles, conviven creativamente las personas de buena voluntad. Y qué mejor para darse que entre nosotros, quienes vivimos en este pago de cosecha hermosa (calchaqui), valle fértil (yokavil), donde habita el sol (antofagasta), cerca del cielo (animana), cielito custodiado entre los cerros (chicoana).

Las tradiciones de las que somos herederos y que nos sostienen no se desarrollan preocupándonos por su conservación, sino ocupándonos de su despliegue. Nos corresponde contribuir al desarrollo creativo de nuestras tradiciones, de tal manera que sea posible la integración de las dimensiones ritual y cultual de la vida cristiana en el contexto de comunidades de fe y amor en Jesucristo.

Quiera Dios que sea así. Y no solamente un propósito, sino una realidad. Para ello pido la presencia de ustedes, de modo que nuestra Prelatura se enriquezca con nuestras diferencias. Porque la comunidad a la que aspiramos no es otra –en pensamiento de san Agustín- que la articulación de lo diferente según un proyecto común (cf. La ciudad de Dios 2, 21, 1).

Nuestra aspiración es la unidad en la diversidad (Que todos sean uno, ha sido el lema de nuestro anterior obispo, P. Mariano); nuestro proyecto común, la caridad, «el amor de Dios derramado en nuestros corazones por el Espíritu que nos ha sido dado» (Rom 5, 5). Por esto nos desgastaremos en bien de este pueblo, tal cual reza el lema del segundo obispo de nuestra Prelatura, P. Cipriano.

Me quedan dos compromisos que cumplir: uno académico con una universidad, otro pastoral con los agustinos. Tengo previsto satisfacerlos a lo largo de este mes de mayo. Ruego continúen teniéndome paciencia. Luego, desde los primeros días de junio, programaremos las visitas pastorales a las Parroquias.

***

Comencé mi andadura en la Prelatura allá por el año 1991 en la Parroquia de San Carlos, donde apenas estuve seis meses, ricos e intensos para mí. Me acuerdo, quizá ustedes no [por entonces yo aún necesitaba del peine], de personas en Animaná, El Barrial, San Antonio, San Lucas, Las Barrancas… Continué años después en San José, desde mediados de 1999 y hasta comienzos del 2000. Mis recuerdos son para personas de Palo Seco, Andalhuala, Entre Ríos, Ampajango, El Desmonte, La Puntilla, Famatanca, La Loma… Un poquito antes estuve -y luego viví de nuevo- en Santa María: mis recuerdos para las personas de Loro Huasi, La Soledad, El Recreo, Las Mojarras, El Cerrito, Quebrada de Jujuil, Caspinchango, Lampacito, Fuerte Quemado, Medanito, El Puesto, San Carlos en Chañar Punco... Y particularmente las gentes del Valle del Cajón: San Antonio, Toro Yaco y Ovejería, también La Hoyada, personas a las que tanto debo, lugares donde se me concedió observar lo desconocido para mí, meditar mucho, reflexionar bastante, aprender otros modos de vivir y de rezar. Y Antofagasta de la Sierra, El Peñón, Antofalla, Ciénaga Redonda, Los Nacimientos, Las Quínoas, Botijuela… Y también en el último año el Colegio San Agustín en Santa María, donde asumimos lindos desafíos y vivimos hermosos momentos… Recuerdo con nostalgia la vida de algunos difuntos: Oscar Cervantes, Toribio Condorí, Ambrosio Moreno, Arnaldo Aguaysol, doña Ramonita de San José… Para varios de ellos la vida, quizá a nuestros ojos, no ha sido del todo justa. No sé qué habrá sido de la vida de Juan Carlos Natalini, porteño a quien conocí en San Carlos en abril de 1991 y visité varias veces después… Un recuerdo muy especial para el P. Luis Nos Muro, vicentino, amigo enfermo en España. Y particularísimo para el P. Isidoro Pérez Barrio, también enfermo en Buenos Aires.

Tampoco olvido mis años porteños: llegué desde Santa María un 13 de enero de 2003 y dejé para regresar a Santa María el 10 de enero de 2013. Me refiero de un modo particular a la Parroquia San Agustín, donde recibí mucho más que di, de modo especial en los geriátricos, de los ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión y en los grupos parroquiales. Varias de estas personas han tenido la gentileza de estar hoy entre nosotros. Otras no han podido venir, gente que tan grata amistad y oración me dispensan… Mi recuerdo también para la gente de la Asociación Civil Gregorio Mendel y de Achalay España, con quienes vivimos interesantes proyectos sociales. Agradezco a la Universidad Católica Argentina, que me aceptó en sus facultades de Teología y Filosofía, así como a la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino.

A todas las personas con las que me encontré en estas tierras, ¡muchas gracias! También a las que he conocido en Chivilcoy, Rosario, Montevideo, Mendoza y Salta.

Continuamos caminando, con responsabilidades diferentes pero en la misma senda: la de Jesús de Nazaret, nuestro Maestro. Arrieros somos, y seguro que nos encontraremos en las sendas de la vida, por los caminos y poblaciones de nuestro Valle. O, como la tierra es esférica, en cualquier lugar de nuestro continente, o de nuestro mundo.

Un saludo cordial para todos. Gracias.

Mons. José Demetrio Jiménez OSA, obispo prelado de Cafa

jueves, 8 de mayo de 2014

Ten Caridad, practica la verdad. Primera Carta del Obispo de Cafayate

Un Cordial saludo al pueblo de Dios en la Prelatura de Cafayate

Es la primera vez que me dirijo a ustedes por medio de la Carta a los Cristianos. Deseo hacerlo comentando las palabras de San Agustín en uno de sus sermones sobre la misión de los pastores de la Iglesia: "Ten caridad, predica la verdad" (Sermón 78,6). Es tarea que nos corresponde a quienes hemos recibimos el don de este ministerio para el servicio de su pueblo. Es compromiso que asumo como Obispo electo de esta circunscripción eclesiástica: con la gracia de Dios y la unción del sacramento; con ustedes, a quienes pido me sostengan con su oración y cercanía en mis limitaciones, de modo que todos podamos desplegar adecuadamente nuestras posibilidades.

Somos humilde pueblo de Dios. Con nuestro Papa Francisco soñamos "una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual" (La alegría del Evangelio, 27). Nos corresponde continuar edificando la Igleisa en el Valle desde comunidades de iniciación que, engendrando en la fe, alimenten la conversión continua de los bautizados, promoviendo el desafío de "comunicar la vida de Jesucristo" (Aparecida, 386), fomentando la conciencia bautismal, vocacional y carismática de cada cristiano y su llamado a la misión permanente en lo concreto de la existencia: familia, trabajo, sociedad, cultura.

Es también nuestra misión valorar cada vez más el acompañamiento y la cercanía, el gesto amoroso, la disponibilidad del tiempo para la edificación de nuestro mundo. Viviendo como vivamos, haciendo lo que hagamos, pensando lo que pensemos, cultivemos siempre la fraternidad que constituye la "casa común", el hogar de la fe, la Iglesia al servicio del Reino de Dios, apoyando nuestra acción pastoral en la sacramentalidad de la vida. Porque la vida es sagrada, don de Dios que nos corresponde cuidar en todos de sus estados, en cualquiera de sus situaciones.

La sabiduría humilde de la Biblia nos lo indica. El hombre -varón y mujer- es tierra [adam] que recibe y da vida [eva], campo para ser sembrado y cultivado. Cultivemos la vida en todas sus dimensiones, cuidémosla particularmente en sus etapas más frágiles, generemos esta cultura. Es el culto que a Dios le es grato. Porque este s nuestro origen, de aquí venimos (ab-origine), es lo que nos sostiene y sustenta. De esta tierra somos todos aborígenes: campo delicioso [eden], preparado para el cultivo, jardín florido y huerto hermoso en el que germinan las semillas, crecen las plantas, dan fruto los árboles, conviven creativamente las personas de buena voluntad. Y qué mejor para darse que entre nosotros, quienes vivimos en esta pago de cosecha hermosa (clachaquí), valle fértil (yokavil), donde  habita el sol (antofagasta), cerca del cielo (animana), cielito custodiado entre los cerros (chicoana).


P José Demetrio Jiménez, OSA

martes, 6 de mayo de 2014

Domingo del Buen Pastor

Este domingo está dedicado a la figura de Jesús como Buen Pastor, por eso también está destinado a la oración por las vocaciones, especialmente las sacerdotales. Porque es precisamente en ellas en las que más debe resplandecer el pastoreo de Jesús.

Con todo, es bueno tener en cuenta que así como todos participamos de la misión de Jesucristo, Sacerdote, Profeta y Rey por el Bautismo, todos también participamos de su pastoreo. De distinta manera según la vocación de cada uno, por supuesto. En efecto, la diferencia entre el sacerdocio común de los fieles y el ministerial es no sólo de grado, sino de orden. Pero como sea no se trata de compartimentos estancos, sino que el uno está ordenado hacia el otro.

El Papa, en el mensaje para la Jornada de Oración por las vocaciones, comenta aquel pasaje del Evangelio en el que Jesús les dice a sus discípulos que es necesario rogar al dueño de la mies que envíe trabajadores para la cosecha y habla de la fertilidad de los campos de Dios. Tal fertilidad no depende de los hombres, sino de la gracia divina a la que hemos de cooperar libremente. Invita a que nuestra confianza se centre entonces no en los hombres, sino en el Señor.

Aveces hacemos al revés, sobre todo en lo que respecta a la jerarquía eclesiástica. Los campos son del Señor, el rebaño también. Feliz el sacerdote o el Obispo que se presta a la acción del Dueño de los sembrados, pero infeliz aquel (sacerdote o laico) que confunde al obrero con el propietario de la mies.

Quienes caen en esa confusión, se exponen a la decepción que inevitablemente producen los hombres a causa de sus limitaciones, de las cuales no carecen los miembros de un clero. Se exponen también a sufrir desapegos, porque los sacerdotes no llegan para quedarse perpetuamente en una comunidad. De esas desilusiones y esos desapegos, sólo se salvan los que aprenden a mirar el rostro del Dueño de los sembrados, por encima y en el fondo de las caras de sus cosecheros.

Quienes se confunden en esto también pueden ser víctimas de la tentación de cierta irresponsabilidad. Son aquellos que pretenden que todo lo solucionen los curas: los problemas de los jóvenes, las adicciones, la violencia, los conflictos matrimoniales, la niñez, la educación y hasta cuestiones económicas o políticas. Normalmente son los que suelen hacer la pregunta retórica ...y ¿qué hace la Iglesia? Así se desligan de lo que les corresponde aportar a la sociedad, en el mundo civil, comercial, profesional y en sus propias casas. Esto es desentenderse del pastoreo de Jesús del que todos, en diverso grado, participamos.

Sin duda que en estas cosas les corresponde a los sacerdotes contribuir con orientaciones desde la fe, pero sin duda también que son los laicos, en sus respectivos ámbitos, quienes deben cumplir su deber e iluminar el camino de aquellos que les fueron encomendados por la Providencia. Todos debemos aceptar la cuota de responsabilidad que nos cabe en la construcción de la sociedad actual y del Reino de Dios. No es cosa de unos y no de otros; es de toda la fraternidad de la Iglesia. El Martín Fierro dice con toda verdad: cada lechón en su teta es el modo de mamar.

Siguiendo la liturgia del día en la que Jesús se presenta como la puerta de las ovejas, aquella a través de la cual se puede entrar y salir para alcanzar la salvación (Cf Jn 10, 7-8) Feligreses y sacerdotes, partícipes del pastoreo del Señor, debemos esforzarnos por conducir los acontecimientos de la historia y las personas implicadas en ellos hacia ese Cristo. Él es la puerta que desemboca en la realización de todas nuestras expectativas de realización humana y sobrenatural.

Por eso, mientras dirigimos todo hacia Jesús, nosotros mismos hemos empeñarnos en entrar por esa puerta, porque mal podemos pedirles a los otros que ingresen por ella, si la desconocemos totalmente. Entrar por la puerta significa hacer propios los criterios de Dios, manifestados en su Palabra y en el trato personal con Él. Dejar de lado los criterios de la mundanidad, la dominación y el egoismo. Sin duda que es una lucha por eso Jesús nos advierte:
Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición y son muchos los que van por allí. Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida (Mt 7, 13-14)
José Demetrio Jimenez
Obispo de Cafayate
Con todo antes de contar con nuestras fuerzas para entrar y salir por la puerta que es Cristo, debemos contar con su gracia. Nuestras fuerzas humanas por sí solas no pueden alcanzar la salvación, es la gracia de Dios la que las faculta para ello y la que nos da la posibilidad de alcanzarla. Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios (Lc 18, 27)

El Domingo del Buen Pastor está signado este año por un hermoso gesto de la Providencia Divina hacia esta Prelatura de Cafayate. Desde sus vísperas seremos pastoreados hacia Cristo, puerta de las ovejas, por Mons José Demetrio Gimenez, nuestro nuevo Obispo. Desde aquí queremos elevar una oración a la Virgen del Rosario Sentadita, por él y sus intenciones y también por nosotros que formamos la Grey de Cristo, peregrina en el Valle Calchaquí. El Señor le de la valiente y humilde sabiduría en este servicio a su Iglesia.
Mariano Moreno Obispo emérito de Cafayate

Por otro lado, nunca será suficiente la gratitud que podremos darle al Señor por el don de la persona de Mons Mariano Moreno. Gracias a Dios quiere quedarse con nosotros aquí, lo cual prolonga ese regalo divino. Gracias, padre Obispo.