Vocaciones
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martes, 1 de septiembre de 2015
domingo, 8 de junio de 2014
Domingo de Pentecostés
Celebramos hoy el Domingo muy particular, el de Pentecostés. En él recordamos la venida del Espíritu Santo sobre la comunidad fundad por Jesús.
El Libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta el episodio en su Capítulo Segundo. Allí se nos habla del Don de Lenguas: Los discípulos tras haber recibido el Espíritu Santo salen afuera y hablan en distitnas lenguas.
Ese Don no ha cesado en toda la historia de la Iglesia y nosotros estamos también llamados a vivirlo. La Liturgia de las Horas nos trae un magnífico sermón de un autor africano del siglo sexto. Allí el autor expresa
La proclamación de esas maravillas en la lengua, en los códigos culturales en los que nos movemos, es lo que nos hace específicamente cristianos en el mundo que protagonizamos. De esa manera introducimos en ellos la fuerza del Espíritu Santo que la hace capaz de llegar a su máxima realización que es la salvación eterna.
Animémonos a hablar en las lengua de nuestra cultura las maravillas de Dios.
Feliz Pentecostés!
El Libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta el episodio en su Capítulo Segundo. Allí se nos habla del Don de Lenguas: Los discípulos tras haber recibido el Espíritu Santo salen afuera y hablan en distitnas lenguas.
Ese Don no ha cesado en toda la historia de la Iglesia y nosotros estamos también llamados a vivirlo. La Liturgia de las Horas nos trae un magnífico sermón de un autor africano del siglo sexto. Allí el autor expresa
Por tanto, si alguien nos dice: "Has recibido el Espíritu Santo, ¿por qué no hablas en todas las lenguas?" debemos responderle: Hablo ciertamente en todas las lenguas ya que pertenezco al cuerpo de Cristo, esto es a la Iglesia, que habla en todas las lenguas. Lo que Dios quiso entonces significar por la presencia del Espíritu era que la Iglesia, en el futuro, hablaría en todas las lenguas"Hoy hablar en lenguas quiere decir saber comprender la cultura en la que estamos e interpretarla dentro del Plan de Salvación que Dios tiene para cada cultura, dentro de la unidad plural de la Iglesia. Saberla comprender y anunciarle a quienes viven esa cultura (cualquiera sea) las maravillas de Dios.
La proclamación de esas maravillas en la lengua, en los códigos culturales en los que nos movemos, es lo que nos hace específicamente cristianos en el mundo que protagonizamos. De esa manera introducimos en ellos la fuerza del Espíritu Santo que la hace capaz de llegar a su máxima realización que es la salvación eterna.
Animémonos a hablar en las lengua de nuestra cultura las maravillas de Dios.
Feliz Pentecostés!
lunes, 12 de mayo de 2014
Palabras de nuestro Obispo al tomar posesión de la Prelatura (AICA)
Palabras de monseñor
José Demetrio Jiménez OSA, obipos de Cafayate en su ordenación episcopal (10 de
mayo de 2014, Día de la Vigilia de Jesús, Buen Pastor)
Hoy es día de acción de gracias. Y me corresponde expresarlo, aun a riesgo de alargarme de modo indebido.
Gracias…
Hoy es día de acción de gracias. Y me corresponde expresarlo, aun a riesgo de alargarme de modo indebido.
Gracias…
- A Dios por la vida... que se me concedió y me
fue preservada en situaciones complejas. En la familia donde se dio, con
quienes me precedieron...
- Gracias a mi padre, aquí presente; a mi madre,
ya difunta y presente de otro modo. A mis abuelos difuntos. A mis
hermanos: 4 mujeres y 1 varón, tres de ellos aquí. A sus maridos y esposa.
Y a los sobrinos, particularmente Daniel, con dificultades desde que
nació, que apenas pronuncia pero con quien hablo casi todos los domingos por Skype. Y
a su madre, Pilar, que hace casi 19 años me donó de su médula ósea; y a su
padre, Serafín. Y a Gema y Antonio. Gracias también a los médicos que me
asistieron y a las enfermeras que me cuidaron durante mi única enfermedad
larga. Y al hermano agustino Rafael Castilla que me acompañó tanto.
- Gracias a este pueblo calchaquí que me acepta
entre los suyos y por cuya mediación Dios me bendice. Yo, aborigen de
otros pagos, originario de otra tierra que siente este suelo como suyo,
esta casa como hogar: lugar donde me encuentro a gusto, que me da paz en
el ánimo y me hace mejor persona. Gracias a esta Prelatura, que me
revitalizó espiritualmente, me fortificó la salud, me hizo buen cristiano.
- Gracias por la vocación que me fue dada en la
Orden de San Agustín, y que no me queda sino entregar en esta nueva
misión. Que «crece cuando se da, que no mengua cuando se dona», como dijo
Agustín de Hipona del amor (Carta 192, 2). Que me recibió pronto y me
cuidó durante tantos años, más de 30. Gracias por haber podido estudiar,
por continuar aún aprendiendo. Un recuerdo especial para mi Maestro de
Novicios, Pedro Miguel, y para el P. Antonio Macía; y a Ángel Ruiz, José
Miguel Nistal y Domingo Canet, compañeros de promoción. Y a los también
agustinos Ángel Camino y Bonifacio Sobrino.
- Gracias a los hermanos del Vicariato de
Argentina y Uruguay, en cuyas casas viví hasta hoy por más de 15 años. A
los agustinos de América Latina, que me ofrecieron la posibilidad de
conocer personas magníficas y lugares hermosos de este extenso continente
a través de la Organización de Agustinos de Latinoamérica y el
Proyecto de Revitalización de la Orden. Una oración particular
por los agustinos de la Provincia de Brasil, para que continúen adelante a
pesar de todo.
- Gracias a los hermanos obispos de nuestra
Prelatura, padres y predecesores: Diego, difunto, a quien apenas conocí y
que este pueblo recuerda tanto; Cipriano, de quien fui Secretario, a quien
agradezco su confianza; y Mariano, que en su tiempo fue también mi
Provincial, Prior y Vicario Regional, a quien doy gracias por lo que llega
hasta hoy y lo que vendrá. Gracias igualmente al P. Alberto Bochatey,
obispo auxiliar de La Plata, aquí presente. A los agustinos, agustinas y
sacerdotes que trabajaron en esta Prelatura, particularmente a los
difuntos, como el P. Salustiano. A Julio Ríos, también agustino, por
motivos de amistad. Y a don Eusebio Mamani, que tan lindo canta La
flor del cardón; y a don Severo Chaile y a don José Rubén
Quiroga, de quienes aprendí lo mucho que enriquecen nuestra Iglesia las
tradiciones de este pueblo. Gracias a los demás hermanos obispos
presentes, particularmente al Arzobispo de Salta, Mario Antonio Cargnello,
y al querido Cardenal Estanislao E. Karlic. Gracias a Ángel Fernández
Collado, obispo auxiliar de Toledo, diócesis a la que pertenece el pueblo
donde ambos nacimos. Y a José Miguel, sacerdote que le acompaña. Un
cordial saludo en la distancia para la gente de Los Cerralbos, lugar de
nacimiento en el que viví mis primeros años.
- Gracias por las comunidades que me reciben,
por los sacerdotes de la Prelatura que me acompañan y los seminaristas;
por las religiosas Agustinas Misioneras (un recuerdo particular y un
saludo especial para la Hna. Consolación Álvarez), Hermanas del Buen
Pastor, Hijas de la Inmaculada Concepción de la Caridad, Misioneras de
Jesús Verbo y Víctima; por los Hermanos de la Sagrada Familia, por el
testimonio de nuestros mayores, por las tradiciones espirituales en que
navegamos...
- Gracias por el pueblo de Dios al que
pertenezco, por la Iglesia que me sostiene, por la gente que me acompaña,
enseña y alienta, que me quiere más de lo que merezco, generosos conmigo
más que yo mismo... No he sido obispo hasta ahora: me corresponde
aprender. Les pido que me ayuden a serlo.
- Gracias por llevar una vida excepcionalmente
normal, con luces y sombras, con oportunidades sin fin... Porque hoy
continúa siendo un punto de partida y no he llegado aún a la meta.
- Gracias también por tener a Francisco como
Papa, don de Dios a la Iglesia Universal desde Argentina. Gracias
igualmente por haber sido invitado a vivir como obispo su compromiso
eclesial.
Gracias, en fin, porque sigo
caminando. Y me queda el día a día, lo extraordinario de lo cotidiano, la
belleza de lo sencillo, la eternidad de cada instante, el consejo de san
Agustín: «sé grande en las cosas grandes, pero no seas pequeño en las pequeñas»
(Sermón 213, 1).
«La vida me han prestao y tengo que devolverla, cuando el Creador me llame para la entrega», canta la chacarera. Gracias, pues, por la vida, «que me ha dado tanto» (parafraseando la afamada canción de Violeta Parra): los ojos y los oídos, los pies y el corazón, la risa y el llanto. Los mejores materiales para hacer un bello canto. Quiera Dios que lo componga cada día de mi vida y que pueda devolver a la Prelatura algo de tanto como ya me dio.
***
Un saludo, pues, a todo el pueblo Calchaquí:
«La vida me han prestao y tengo que devolverla, cuando el Creador me llame para la entrega», canta la chacarera. Gracias, pues, por la vida, «que me ha dado tanto» (parafraseando la afamada canción de Violeta Parra): los ojos y los oídos, los pies y el corazón, la risa y el llanto. Los mejores materiales para hacer un bello canto. Quiera Dios que lo componga cada día de mi vida y que pueda devolver a la Prelatura algo de tanto como ya me dio.
***
Un saludo, pues, a todo el pueblo Calchaquí:
- A quienes pertenecen a la Iglesia Católica.
- A los hermanos de otras religiones,
confesiones cristianas y movimientos religiosos.
- A las comunidades indígenas, desde las que
muchas personas comparten nuestra fe y cuya existencia nos enriquece.
- A quienes piensan distinto, a quienes son de
otra visión de la vida, a quienes discrepan.
- A los ancianos y los enfermos, a los niños,
adolescentes y jóvenes, a quienes no tienen lo suficiente para el
desempeño de una vida digna, a los que son presa de las adicciones, a
quienes apenas llegan a fin de mes con sus recursos, a los movimientos
sociales, a quienes con emprendimientos sustentables y empresas honestas
procuran trabajo digno a nuestra gente.
- A las autoridades civiles (locales,
provinciales, regionales, nacionales) que desempeñan con honradez el
mandato popular de servir al bien común.
Y propongo:
- Que continuemos cuidando con esmero la vida
que se nos ha concedido en este Valle: generoso en sus gentes, hermoso en
sus paisajes, rico en su diversidad.
- Que no olvidemos nuestras tradiciones, tan
autóctonas como transidas de fe, tan unidas al valor de la familia, el
cuidado de los niños, el respeto de los ancianos.
- Que reconozcamos cómo la más grande riqueza de
nuestros valles y cerros está en su gente, con sus sembradíos y animales,
las plantas y las vertientes de agua, los antigales y los corrales, sus
casas y el azul del cielo… no tanto en los metales que custodia en su
entraña la Madre Tierra. Y estos –lo digo con todo respeto- no deben ser
sacados de cualquier manera ni a cualquier costo, porque la vida tiene
valor, no precio, y es tan digna que no debe cotizarse en ninguna Bolsa ni
City del mundo.
- Que procuremos bajo la responsabilidad de las autoridades
pertinentes el establecimiento de proyectos agropecuarios sustentables
para el cultivo de nuestras tierras, el cuidado de nuestros ganados, el
respeto de la naturaleza, el sustento de nuestra gente con su propio
trabajo.
- Que no permitamos –con la responsabilidad que
compete a gobernantes y legisladores, a la Justicia y los Cuerpos de
Seguridad del Estado- que la «mala hierba» de la droga continúe
difundiéndose entre nosotros, ni que su tráfico circule por nuestras rutas
vallistas y sendas serranas desarmando la vida de adolescentes y jóvenes,
de familias enteras, de nuestro pueblo… convirtiéndose, además, en
seducción para el dinero fácil.
- Que cuidemos nuestros colegios, nuestros
hospitales y nuestros hogares de ancianos, los edifiquemos con instalaciones
adecuadas donde se necesitan y no los hay, atendamos debidamente a
nuestros niños, adolescentes y jóvenes, protejamos a nuestros enfermos,
procuremos una vida digna para nuestros mayores.`
- Que llevemos a buen término el afán de nuestro
primer obispo, el P. Diego, por él mismo reflejado en los bellos versos
del poeta José María Pemán:
… Al
nacer cada mañana
tan sólo le pido a Dios
casa limpia en que albergar,
pan tierno para comer,
un libro para leer
y un Cristo para rezar…
tan sólo le pido a Dios
casa limpia en que albergar,
pan tierno para comer,
un libro para leer
y un Cristo para rezar…
***
El lema propuesto para mi vida en la misión que, como discípulo de Jesús con ustedes hoy comienzo, es una expresión de san Agustín en su Sermón 78, 6 sobre los pastores: «Ten caridad, predica la verdad». Como propuestas pastorales que me corresponde afrontar y propongo a la consideración de ustedes, están:
1º Asumir creativamente los desafíos de nuestro tiempo
Somos humilde pueblo de Dios. Con nuestro Papa Francisco soñamos «una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual» (La alegría del Evangelio, 27). Nos corresponde continuar edificando la Iglesia en el Valle desde comunidades deiniciación que, engendrando en la fe, alimenten la conversión continua de los bautizados, promoviendo el desafío de «comunicar la vida de Jesucristo» (Aparecida, 386), fomentando la conciencia bautismal, vocacional y carismática de cada cristiano y su llamado a la misión permanente en lo concreto de la existencia: familia, trabajo, sociedad, cultura.
2º Cultivar la humilde vitalidad de la propuesta evangélica
«… un estilo de vida más fiel a la verdad y a la caridad, más sencillo, austero y solidario… comunidad de pobres pecadores, mendicantes de la misericordia de Dios, congregada, reconciliada, unida y enviada por la fuerza de la Resurrección de su Hijo y la gracia de conversión del Espíritu Santo» (Aparecida, 100 h). Es también nuestro desafío valorar cada vez más el acompañamiento y la cercanía, el gesto sencillo y amoroso, la disponibilidad del tiempo para el cuidado de las personas y la edificación de nuestro mundo. Viviendo como vivamos, haciendo lo que hagamos, pensando lo que pensemos, cultivemos siempre lafraternidad que construye la «casa común», el hogar de la fe, la Iglesia al servicio del Reino de Dios, apoyando nuestra acción pastoral en la sacramentalidad de la vida. Porque la vida es sagrada, don de Dios que nos corresponde cuidar en todos de sus estados, en cualquiera de sus situaciones.
3º Reconocer cuanto Dios nos concede en nuestras personas: en nuestro pueblo y sus tradiciones, en nuestra Iglesia con sus instituciones y movimientos, en nuestros agentes de pastoral, en nuestros sacerdotes, en nuestras religiosas, en nuestros religiosos
La sabiduría humilde de la Biblia lo indica. El hombre -varón y mujer- es tierra [adan] que recibe y da vida [eva], campo para ser sembrado y cultivado. Cultivemos la vida en todas sus dimensiones, cuidémoslaparticularmente en sus etapas más frágiles, generemos esta cultura. Es el culto que a Dios le es grato. Porque este es nuestro origen, de aquí venimos (ab-origine), es lo que nos sostiene y sustenta. De esta tierra somos todos aborígenes: campo delicioso [eden], preparado para el cultivo, jardín florido y huerto hermoso en el que germinan las semillas, crecen las plantas, dan fruto los árboles, conviven creativamente las personas de buena voluntad. Y qué mejor para darse que entre nosotros, quienes vivimos en este pago de cosecha hermosa (calchaqui), valle fértil (yokavil), donde habita el sol (antofagasta), cerca del cielo (animana), cielito custodiado entre los cerros (chicoana).
Las tradiciones de las que somos herederos y que nos sostienen no se desarrollan preocupándonos por su conservación, sino ocupándonos de su despliegue. Nos corresponde contribuir al desarrollo creativo de nuestras tradiciones, de tal manera que sea posible la integración de las dimensiones ritual y cultual de la vida cristiana en el contexto de comunidades de fe y amor en Jesucristo.
Quiera Dios que sea así. Y no solamente un propósito, sino una realidad. Para ello pido la presencia de ustedes, de modo que nuestra Prelatura se enriquezca con nuestras diferencias. Porque la comunidad a la que aspiramos no es otra –en pensamiento de san Agustín- que la articulación de lo diferente según un proyecto común (cf. La ciudad de Dios 2, 21, 1).
Nuestra aspiración es la unidad en la diversidad (Que todos sean uno, ha sido el lema de nuestro anterior obispo, P. Mariano); nuestro proyecto común, la caridad, «el amor de Dios derramado en nuestros corazones por el Espíritu que nos ha sido dado» (Rom 5, 5). Por esto nos desgastaremos en bien de este pueblo, tal cual reza el lema del segundo obispo de nuestra Prelatura, P. Cipriano.
Me quedan dos compromisos que cumplir: uno académico con una universidad, otro pastoral con los agustinos. Tengo previsto satisfacerlos a lo largo de este mes de mayo. Ruego continúen teniéndome paciencia. Luego, desde los primeros días de junio, programaremos las visitas pastorales a las Parroquias.
***
Comencé mi andadura en la Prelatura allá por el año 1991 en la Parroquia de San Carlos, donde apenas estuve seis meses, ricos e intensos para mí. Me acuerdo, quizá ustedes no [por entonces yo aún necesitaba del peine], de personas en Animaná, El Barrial, San Antonio, San Lucas, Las Barrancas… Continué años después en San José, desde mediados de 1999 y hasta comienzos del 2000. Mis recuerdos son para personas de Palo Seco, Andalhuala, Entre Ríos, Ampajango, El Desmonte, La Puntilla, Famatanca, La Loma… Un poquito antes estuve -y luego viví de nuevo- en Santa María: mis recuerdos para las personas de Loro Huasi, La Soledad, El Recreo, Las Mojarras, El Cerrito, Quebrada de Jujuil, Caspinchango, Lampacito, Fuerte Quemado, Medanito, El Puesto, San Carlos en Chañar Punco... Y particularmente las gentes del Valle del Cajón: San Antonio, Toro Yaco y Ovejería, también La Hoyada, personas a las que tanto debo, lugares donde se me concedió observar lo desconocido para mí, meditar mucho, reflexionar bastante, aprender otros modos de vivir y de rezar. Y Antofagasta de la Sierra, El Peñón, Antofalla, Ciénaga Redonda, Los Nacimientos, Las Quínoas, Botijuela… Y también en el último año el Colegio San Agustín en Santa María, donde asumimos lindos desafíos y vivimos hermosos momentos… Recuerdo con nostalgia la vida de algunos difuntos: Oscar Cervantes, Toribio Condorí, Ambrosio Moreno, Arnaldo Aguaysol, doña Ramonita de San José… Para varios de ellos la vida, quizá a nuestros ojos, no ha sido del todo justa. No sé qué habrá sido de la vida de Juan Carlos Natalini, porteño a quien conocí en San Carlos en abril de 1991 y visité varias veces después… Un recuerdo muy especial para el P. Luis Nos Muro, vicentino, amigo enfermo en España. Y particularísimo para el P. Isidoro Pérez Barrio, también enfermo en Buenos Aires.
Tampoco olvido mis años porteños: llegué desde Santa María un 13 de enero de 2003 y dejé para regresar a Santa María el 10 de enero de 2013. Me refiero de un modo particular a la Parroquia San Agustín, donde recibí mucho más que di, de modo especial en los geriátricos, de los ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión y en los grupos parroquiales. Varias de estas personas han tenido la gentileza de estar hoy entre nosotros. Otras no han podido venir, gente que tan grata amistad y oración me dispensan… Mi recuerdo también para la gente de la Asociación Civil Gregorio Mendel y de Achalay España, con quienes vivimos interesantes proyectos sociales. Agradezco a la Universidad Católica Argentina, que me aceptó en sus facultades de Teología y Filosofía, así como a la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino.
A todas las personas con las que me encontré en estas tierras, ¡muchas gracias! También a las que he conocido en Chivilcoy, Rosario, Montevideo, Mendoza y Salta.
Continuamos caminando, con responsabilidades diferentes pero en la misma senda: la de Jesús de Nazaret, nuestro Maestro. Arrieros somos, y seguro que nos encontraremos en las sendas de la vida, por los caminos y poblaciones de nuestro Valle. O, como la tierra es esférica, en cualquier lugar de nuestro continente, o de nuestro mundo.
Un saludo cordial para todos. Gracias.
Mons. José Demetrio Jiménez OSA, obispo prelado de Cafa
jueves, 8 de mayo de 2014
Ten Caridad, practica la verdad. Primera Carta del Obispo de Cafayate
Es la primera vez que me dirijo a ustedes por medio de la Carta a los Cristianos. Deseo hacerlo comentando las palabras de San Agustín en uno de sus sermones sobre la misión de los pastores de la Iglesia: "Ten caridad, predica la verdad" (Sermón 78,6). Es tarea que nos corresponde a quienes hemos recibimos el don de este ministerio para el servicio de su pueblo. Es compromiso que asumo como Obispo electo de esta circunscripción eclesiástica: con la gracia de Dios y la unción del sacramento; con ustedes, a quienes pido me sostengan con su oración y cercanía en mis limitaciones, de modo que todos podamos desplegar adecuadamente nuestras posibilidades.Somos humilde pueblo de Dios. Con nuestro Papa Francisco soñamos "una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual" (La alegría del Evangelio, 27). Nos corresponde continuar edificando la Igleisa en el Valle desde comunidades de iniciación que, engendrando en la fe, alimenten la conversión continua de los bautizados, promoviendo el desafío de "comunicar la vida de Jesucristo" (Aparecida, 386), fomentando la conciencia bautismal, vocacional y carismática de cada cristiano y su llamado a la misión permanente en lo concreto de la existencia: familia, trabajo, sociedad, cultura.
Es también nuestra misión valorar cada vez más el acompañamiento y la cercanía, el gesto amoroso, la disponibilidad del tiempo para la edificación de nuestro mundo. Viviendo como vivamos, haciendo lo que hagamos, pensando lo que pensemos, cultivemos siempre la fraternidad que constituye la "casa común", el hogar de la fe, la Iglesia al servicio del Reino de Dios, apoyando nuestra acción pastoral en la sacramentalidad de la vida. Porque la vida es sagrada, don de Dios que nos corresponde cuidar en todos de sus estados, en cualquiera de sus situaciones.
La sabiduría humilde de la Biblia nos lo indica. El hombre -varón y mujer- es tierra [adam] que recibe y da vida [eva], campo para ser sembrado y cultivado. Cultivemos la vida en todas sus dimensiones, cuidémosla particularmente en sus etapas más frágiles, generemos esta cultura. Es el culto que a Dios le es grato. Porque este s nuestro origen, de aquí venimos (ab-origine), es lo que nos sostiene y sustenta. De esta tierra somos todos aborígenes: campo delicioso [eden], preparado para el cultivo, jardín florido y huerto hermoso en el que germinan las semillas, crecen las plantas, dan fruto los árboles, conviven creativamente las personas de buena voluntad. Y qué mejor para darse que entre nosotros, quienes vivimos en esta pago de cosecha hermosa (clachaquí), valle fértil (yokavil), donde habita el sol (antofagasta), cerca del cielo (animana), cielito custodiado entre los cerros (chicoana).
P José Demetrio Jiménez, OSA
martes, 6 de mayo de 2014
Domingo del Buen Pastor
Este domingo está dedicado a la figura de Jesús como Buen Pastor, por eso también está destinado a la oración por las vocaciones, especialmente las sacerdotales. Porque es precisamente en ellas en las que más debe resplandecer el pastoreo de Jesús.
Con todo, es bueno tener en cuenta que así como todos participamos de la misión de Jesucristo, Sacerdote, Profeta y Rey por el Bautismo, todos también participamos de su pastoreo. De distinta manera según la vocación de cada uno, por supuesto. En efecto, la diferencia entre el sacerdocio común de los fieles y el ministerial es no sólo de grado, sino de orden. Pero como sea no se trata de compartimentos estancos, sino que el uno está ordenado hacia el otro.
El Papa, en el mensaje para la Jornada de Oración por las vocaciones, comenta aquel pasaje del Evangelio en el que Jesús les dice a sus discípulos que es necesario rogar al dueño de la mies que envíe trabajadores para la cosecha y habla de la fertilidad de los campos de Dios. Tal fertilidad no depende de los hombres, sino de la gracia divina a la que hemos de cooperar libremente. Invita a que nuestra confianza se centre entonces no en los hombres, sino en el Señor.
Aveces hacemos al revés, sobre todo en lo que respecta a la jerarquía eclesiástica. Los campos son del Señor, el rebaño también. Feliz el sacerdote o el Obispo que se presta a la acción del Dueño de los sembrados, pero infeliz aquel (sacerdote o laico) que confunde al obrero con el propietario de la mies.
Quienes caen en esa confusión, se exponen a la decepción que inevitablemente producen los hombres a causa de sus limitaciones, de las cuales no carecen los miembros de un clero. Se exponen también a sufrir desapegos, porque los sacerdotes no llegan para quedarse perpetuamente en una comunidad. De esas desilusiones y esos desapegos, sólo se salvan los que aprenden a mirar el rostro del Dueño de los sembrados, por encima y en el fondo de las caras de sus cosecheros.
Quienes se confunden en esto también pueden ser víctimas de la tentación de cierta irresponsabilidad. Son aquellos que pretenden que todo lo solucionen los curas: los problemas de los jóvenes, las adicciones, la violencia, los conflictos matrimoniales, la niñez, la educación y hasta cuestiones económicas o políticas. Normalmente son los que suelen hacer la pregunta retórica ...y ¿qué hace la Iglesia? Así se desligan de lo que les corresponde aportar a la sociedad, en el mundo civil, comercial, profesional y en sus propias casas. Esto es desentenderse del pastoreo de Jesús del que todos, en diverso grado, participamos.
Sin duda que en estas cosas les corresponde a los sacerdotes contribuir con orientaciones desde la fe, pero sin duda también que son los laicos, en sus respectivos ámbitos, quienes deben cumplir su deber e iluminar el camino de aquellos que les fueron encomendados por la Providencia. Todos debemos aceptar la cuota de responsabilidad que nos cabe en la construcción de la sociedad actual y del Reino de Dios. No es cosa de unos y no de otros; es de toda la fraternidad de la Iglesia. El Martín Fierro dice con toda verdad: cada lechón en su teta es el modo de mamar.
Siguiendo la liturgia del día en la que Jesús se presenta como la puerta de las ovejas, aquella a través de la cual se puede entrar y salir para alcanzar la salvación (Cf Jn 10, 7-8) Feligreses y sacerdotes, partícipes del pastoreo del Señor, debemos esforzarnos por conducir los acontecimientos de la historia y las personas implicadas en ellos hacia ese Cristo. Él es la puerta que desemboca en la realización de todas nuestras expectativas de realización humana y sobrenatural.
Por eso, mientras dirigimos todo hacia Jesús, nosotros mismos hemos empeñarnos en entrar por esa puerta, porque mal podemos pedirles a los otros que ingresen por ella, si la desconocemos totalmente. Entrar por la puerta significa hacer propios los criterios de Dios, manifestados en su Palabra y en el trato personal con Él. Dejar de lado los criterios de la mundanidad, la dominación y el egoismo. Sin duda que es una lucha por eso Jesús nos advierte:
Con todo antes de contar con nuestras fuerzas para entrar y salir por la puerta que es Cristo, debemos contar con su gracia. Nuestras fuerzas humanas por sí solas no pueden alcanzar la salvación, es la gracia de Dios la que las faculta para ello y la que nos da la posibilidad de alcanzarla. Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios (Lc 18, 27)
El Domingo del Buen Pastor está signado este año por un hermoso gesto de la Providencia Divina hacia esta Prelatura de Cafayate. Desde sus vísperas seremos pastoreados hacia Cristo, puerta de las ovejas, por Mons José Demetrio Gimenez, nuestro nuevo Obispo. Desde aquí queremos elevar una oración a la Virgen del Rosario Sentadita, por él y sus intenciones y también por nosotros que formamos la Grey de Cristo, peregrina en el Valle Calchaquí. El Señor le de la valiente y humilde sabiduría en este servicio a su Iglesia.
Por otro lado, nunca será suficiente la gratitud que podremos darle al Señor por el don de la persona de Mons Mariano Moreno. Gracias a Dios quiere quedarse con nosotros aquí, lo cual prolonga ese regalo divino. Gracias, padre Obispo.
Con todo, es bueno tener en cuenta que así como todos participamos de la misión de Jesucristo, Sacerdote, Profeta y Rey por el Bautismo, todos también participamos de su pastoreo. De distinta manera según la vocación de cada uno, por supuesto. En efecto, la diferencia entre el sacerdocio común de los fieles y el ministerial es no sólo de grado, sino de orden. Pero como sea no se trata de compartimentos estancos, sino que el uno está ordenado hacia el otro.
El Papa, en el mensaje para la Jornada de Oración por las vocaciones, comenta aquel pasaje del Evangelio en el que Jesús les dice a sus discípulos que es necesario rogar al dueño de la mies que envíe trabajadores para la cosecha y habla de la fertilidad de los campos de Dios. Tal fertilidad no depende de los hombres, sino de la gracia divina a la que hemos de cooperar libremente. Invita a que nuestra confianza se centre entonces no en los hombres, sino en el Señor.
Aveces hacemos al revés, sobre todo en lo que respecta a la jerarquía eclesiástica. Los campos son del Señor, el rebaño también. Feliz el sacerdote o el Obispo que se presta a la acción del Dueño de los sembrados, pero infeliz aquel (sacerdote o laico) que confunde al obrero con el propietario de la mies.
Quienes caen en esa confusión, se exponen a la decepción que inevitablemente producen los hombres a causa de sus limitaciones, de las cuales no carecen los miembros de un clero. Se exponen también a sufrir desapegos, porque los sacerdotes no llegan para quedarse perpetuamente en una comunidad. De esas desilusiones y esos desapegos, sólo se salvan los que aprenden a mirar el rostro del Dueño de los sembrados, por encima y en el fondo de las caras de sus cosecheros.
Quienes se confunden en esto también pueden ser víctimas de la tentación de cierta irresponsabilidad. Son aquellos que pretenden que todo lo solucionen los curas: los problemas de los jóvenes, las adicciones, la violencia, los conflictos matrimoniales, la niñez, la educación y hasta cuestiones económicas o políticas. Normalmente son los que suelen hacer la pregunta retórica ...y ¿qué hace la Iglesia? Así se desligan de lo que les corresponde aportar a la sociedad, en el mundo civil, comercial, profesional y en sus propias casas. Esto es desentenderse del pastoreo de Jesús del que todos, en diverso grado, participamos.
Sin duda que en estas cosas les corresponde a los sacerdotes contribuir con orientaciones desde la fe, pero sin duda también que son los laicos, en sus respectivos ámbitos, quienes deben cumplir su deber e iluminar el camino de aquellos que les fueron encomendados por la Providencia. Todos debemos aceptar la cuota de responsabilidad que nos cabe en la construcción de la sociedad actual y del Reino de Dios. No es cosa de unos y no de otros; es de toda la fraternidad de la Iglesia. El Martín Fierro dice con toda verdad: cada lechón en su teta es el modo de mamar.
Siguiendo la liturgia del día en la que Jesús se presenta como la puerta de las ovejas, aquella a través de la cual se puede entrar y salir para alcanzar la salvación (Cf Jn 10, 7-8) Feligreses y sacerdotes, partícipes del pastoreo del Señor, debemos esforzarnos por conducir los acontecimientos de la historia y las personas implicadas en ellos hacia ese Cristo. Él es la puerta que desemboca en la realización de todas nuestras expectativas de realización humana y sobrenatural.
Por eso, mientras dirigimos todo hacia Jesús, nosotros mismos hemos empeñarnos en entrar por esa puerta, porque mal podemos pedirles a los otros que ingresen por ella, si la desconocemos totalmente. Entrar por la puerta significa hacer propios los criterios de Dios, manifestados en su Palabra y en el trato personal con Él. Dejar de lado los criterios de la mundanidad, la dominación y el egoismo. Sin duda que es una lucha por eso Jesús nos advierte:
Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición y son muchos los que van por allí. Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida (Mt 7, 13-14)
| José Demetrio Jimenez Obispo de Cafayate |
El Domingo del Buen Pastor está signado este año por un hermoso gesto de la Providencia Divina hacia esta Prelatura de Cafayate. Desde sus vísperas seremos pastoreados hacia Cristo, puerta de las ovejas, por Mons José Demetrio Gimenez, nuestro nuevo Obispo. Desde aquí queremos elevar una oración a la Virgen del Rosario Sentadita, por él y sus intenciones y también por nosotros que formamos la Grey de Cristo, peregrina en el Valle Calchaquí. El Señor le de la valiente y humilde sabiduría en este servicio a su Iglesia.
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| Mariano Moreno Obispo emérito de Cafayate |
Por otro lado, nunca será suficiente la gratitud que podremos darle al Señor por el don de la persona de Mons Mariano Moreno. Gracias a Dios quiere quedarse con nosotros aquí, lo cual prolonga ese regalo divino. Gracias, padre Obispo.
lunes, 28 de abril de 2014
Juan XXIII y Juan Pablo II, proclamados santos por el papa Francisco
Francisco definió a los nuevos santos en la Misa de la canonización: Juan XXIII el Papa de la docilidad al Espíritu Santo y Juan Pablo II el Papa de la familia. Pidió que en el camino de discernimiento del Sínodo de la familia, nos ayuden a cumplir con el Designio del Padre.
Participó de la canonización el Papa emérito Benedicto XVI con quien se saludaron afectuosamente.
Estos son acontecimientos en los que se puede percibir la acción del Espíritu Santo en la Iglesia de Jesús. El Cristo que en el atardecer del domingo de Resurrección les dijo a los primeros discípulos "la paz esté con ustedes", en un clima de miedo y dudas...
Roguemos a estos grandes santos del Siglo XX a que intercedan por nosotros para vivir el cristianismo fielmente en los tiempos actuales
Participó de la canonización el Papa emérito Benedicto XVI con quien se saludaron afectuosamente.
Estos son acontecimientos en los que se puede percibir la acción del Espíritu Santo en la Iglesia de Jesús. El Cristo que en el atardecer del domingo de Resurrección les dijo a los primeros discípulos "la paz esté con ustedes", en un clima de miedo y dudas...
Roguemos a estos grandes santos del Siglo XX a que intercedan por nosotros para vivir el cristianismo fielmente en los tiempos actuales
lunes, 21 de abril de 2014
La Pascua Semanal
Hemos celebrado el Domingo de la Resurrección del Señor, pero es bueno que tengamos presente que la Iglesia nos invita a renovar esta alegría no solamente año a año, sino todas las semanas...
El Papa Juan Pablo II escribió una Carta Apostólica en 1998 titulada "Dies Domini": el Día del Señor. Es una excelente catequesis del domingo que deberíamos releer. En este artículo nos valeremos de ella, pero para quienes quieran verla pueden encontrarla en: http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_letters/documents/hf_jp-ii_apl_05071998_dies-domini_sp.html.
El Domingo, una Pascua semanal
Una de las cosas que se recalca siempre es que los cristianos celebramos el domingo, porque fue ese día en que resucitó Jesús. Los Evangelios siempre señalan el "primer día de la semana". Para los judíos no es el lunes, sino el domingo. La muerte y la resurrección de Jesús (las dos cosas juntas) son el centro de nuestra fe cristiana, por eso es que celebramos semanalmente ese acontecimiento de manera especial con la Misa.
Por otro lado, si miramos el Evanelio de San Juan, la segunda aparición de Jesús resucitado a la primera comunidad sucede "ocho días después" (20,26) que, según el modo judío de contar los días, es domingo. Estas apariciones, y su misma resurrección en domingo, nos muestran una predilección de Jesús por ese día y por eso la Iglesia lo toma desde aquel entonces como referente para reunirse y celebrar una especie de PASCUA SEMANAL. Juan Pablo II en los números 21 y 22 de esa Carta habla de otras ocasiones en las que el Domingo aparece en el Nuevo Testamento de la Biblia. Habla también de la predilección del Señor por el Domingo que fue prefigurado por el sábado en el Antiguo Testamento.
Pero ese día, el primero de la semana nos remite también al Genesis (1, 3-5). En ese primer relato de la creación narrada poéticamente (no científica, ni históricamente), el primer día es en el que comienza su obra. Esta coincidencia con el día de la resurrección, sucedida el primer día de la semana, nos hace dar cuenta que con Jesús resucitado comienza una nueva creación. Es un tema apasionante que aquí sólo queremos mencionarlo, ya que nos excede para profundizar en él.
Volviendo a la Misa dominical, como pascua semanal queremos recalcar la presencia real de Jesús en ella.
Cuando se leen las lecturas de la Biblia en ella es Él resucitado, quien nos está hablando, de manera especial en el Evangelio. Recordemos que es la Palabra de Dios, no una colección de escritos antiguos. Los sacerdotes tienen la obligación de predicar siempre los domingos (los días de semana pueden omitir la prédica u homilía, pero no los domingos). La predicación del cura en la Misa es una ayuda para comprender mejor la Palabra de Jesús y aplicarla en nuestra vida cotidiana. Nosotros después podemos volver a leerla y contrastarla más particularmente con nuestras situaciones personales. Podemos releerla toda la semana un ratito hasta el domingo siguiente, si nos es posible. Todo depende de
nuestros tiempos y nuestras obligaciones (N°39 - 41)
nuestros tiempos y nuestras obligaciones (N°39 - 41)
En la Misa Jesús también se hace presente en la consagración del pan y del vino. Siguiendo la orden y la facultad que dio a la Iglesia en la Última Cena, los Apóstoles y después sus sucesores (los Obispos), con sus ayudantes (los sacerdotes), repitieron las mismas palabras de Jesús sobre el pan y el vino: "Tomen y coman todos de él porque esto es mi cuerpo... Tomen y beban todos de él porque este es el cáliz de mi sangre... Hagan esto en conmemoración mía" . En ese mismo momento se hace presente Jesús en persona, bajo la apariencia o aspecto de pan y de vino. Eso pasa en todas las misas. Por eso podríamos ir a misa todos los días, pero lo mínimo que se nos pide es que vayamos en el ANIVERSARIO SEMANAL DE LA RESURRECCIÓN, es decir el Domingo, esa especie de PASCUA SEMANAL. Por las obligaciones que la gente tiene basta con que vaya los domingos y no todos los días, pero no estaría malo ir alguna vez también entre semana (además del domingo) De todas formas: lo importante es estar ahí en la PASCUA SEMANAL, domingo a domingo (N°42-44)
También se puede participar de la Misa de la víspera del Domingo, el sábado por la tarde o por la noche. Esa Misa "vale" como Misa de Domingo.
Domingo, tiempo de Dios y tiempo consagrado a Dios
Juan Pablo II decía que el domingo es el centro de la vida cristiana. A pesar de que hoy en día se lo tome solamente como "fin de semana", para los cristianos es mucho más que eso. Es el día del reencuentro con Jesús y con los hermanos. El día que dedicamos para él: paramos la máquina un poco y le dedicamos nuestro tiempo al dueño del tiempo y la eternidad. Eso también nos da la posibilidad de darle nuestro tiempo a los hermanos, principalmente a los que son parte de nuestra familia y de la comunidad que celebra la PASCUA SEMANAL en la parroquia. Por eso es tan lindo que vayamos en familia a Misa, porque es consagrarle el tiempo de nuestra familia a Dios y consagrarnos también nosotros a nuestra familia.
Ir a Misa el Domingo también es consagrarle a Dios nuestra semana, la que termina y la que empieza. Es darle a Dios nuestro tiempo. Juan Pablo II decía:
¡No tengáis miedo de dar vuestro tiempo a Cristo! Sí, abramos nuestro tiempo a Cristo para que él lo pueda iluminar y dirigir. Él es quien conoce el secreto del tiempo y el secreto de la eternidad, y nos entrega « su día » como un don siempre nuevo de su amor...El tiempo ofrecido a Cristo nunca es un tiempo perdido, sino más bien ganado para la humanización profunda de nuestras relaciones y de nuestra vida. (N°7)
En realidad, toda la vida del hombre y todo su tiempo deben ser vividos como alabanza y agradecimiento al Creador. Pero la relación del hombre con Dios necesita también momentos de oración explícita, en los que dicha relación se convierte en diálogo intenso... El « día del Señor » (el Domingo) es, por excelencia, el día de esta relación (N°15)
Domingo, día de gracia y bendición
Otra cosa que conviene que tengamos presente cuando hablamos de la misa del domingo es que ella es una bendición para quienes participan. Jesús en la misa, tiene preparadas las gracias (los favores, los dones, las ayudas) que necesitamos para nuestra vida. Acercarnos a la misa los domingos equivale a recibir esas
gracias que nos quiere dar; faltar DELIBERADAMENTE, significaría perdernos todo eso. El Don por excelencia que nos da Jesús en la Misa es su propia persona que nos habla en su palabra y el Espíritu Santo que nos llena con su fuerza; no para que no tengamos problemas, sino para que los podamos superar. ¡Y para que los superemos en familia...!
La Obligación de la Misa del Domingo
Por todas estas y otras muchas cosas, se puede entender por qué la Iglesia desde hace muchos siglos atrás ha insistido en que participemos de la Misa de los Domingos obligatoriamente. Si miramos detenidamente, en realidad es para nuestro bien, no es para que solamente cumplamos con ir. Es para que nos beneficiemos en el contacto personal con Jesús en la comunidad de cristianos de la que formamos parte en la Iglesia. Los cristianos hemos sido incorporados, unidos a Jesús en el Bautismo, por eso encontrarse con la comunidad, también es encontrarse con Él. Esa es la importancia que tiene la comunidad reunida. Su valor no está tanto en sí misma, sino en la identificación que Cristo hace con ella.
La Carta Dies Domini dice también, algo que es dramáticamente cierto:
Hoy, como en los tiempos heroicos del principio (de la Iglesia), en tantas regiones del mundo se presentan situaciones difíciles para muchos que desean vivir con coherencia la propia fe. El ambiente es a veces declaradamente hostil y, otras veces —y más a menudo— indiferente y reacio al mensaje evangélico. El creyente, si no quiere verse avasallado por este ambiente, ha de poder contar con el apoyo de la comunidad cristiana. Por eso es necesario que se convenza de la importancia decisiva que, para su vida de fe, tiene reunirse el domingo con los otros hermanos para celebrar la Pascua del Señor con el sacramento de la Nueva Alianza (la Misa). Corresponde de manera particular a los Obispos preocuparse « de que el domingo sea reconocido por todos los fieles, santificado y celebrado como verdadero "día del Señor", en el que la Iglesia se reúne para renovar el recuerdo de su misterio pascual con la escucha de la Palabra de Dios, la ofrenda del sacrificio del Señor, la santificación del día mediante la oración, las obras de caridad y la abstención del trabajo » (N° 48)
Por eso no tenemos problema en asegurar un cristiano sin misa dominical es un cristiano a medias o peor, en agonía espiritual...
Cuándo faltar a Misa de Domingo no es pecado
Pero no hay que confundir estas situaciones graves con otras que podemos prever, como por ejemplo cuando hay que viajar o estamos en otro lugar. Uno puede planificar con tiempo ir a Misa el sábado por la tarde o averiguar los horarios de Misa de alguna capilla o iglesia cercana ¿Y si no hay, o no se puede? Entonces no depende de nuestra voluntad... No hay pecado.
Lo que hay que hacer en esas situaciones es rezar el rosario o leer y meditar el Evangelio o las lecturas de la Misa de ese domingo, o recogerse en oración pensando o hablando con el Señor durante un tiempo más o menos prolongado. Es bueno realizar una comunión espiritual.
Al respecto, Juan Pablo II escribía:
"...al ausentarse de su residencia habitual en domingo, deben preocuparse por participar en la Misa donde se encuentren, enriqueciendo así la comunidad local con su testimonio personal. Al mismo tiempo, convendrá que estas comunidades expresen una calurosa acogida a los hermanos que vienen de fuera, particularmente en los lugares que atraen a numerosos turistas y peregrinos, para los cuales será a menudo necesario prever iniciativas particulares de asistencia religiosa" (N°49)
Comulgar los días Domingos
Faltar a Misa DELIBERADAMENTE, es un pecado grave que nos impide comulgar, por lo menos hasta que nos confesemos con un sacerdote. Pero, recalcamos, esto es cuando faltamos a propósito, cuando pudiendo ir no vamos. Todos los pecados (mortales o veniales) son pecados en tanto y en cuanto dependen de nuestra inteligencia y voluntad. Si se averió un neumático del auto y no pudimos llegar o llegamos al final de la Misa, es algo que no depende de nuestra voluntad. Sin embargo, cuando tenemos dudas de conciencia para ir a comulgar o no, conviene primero aclarar esas dudas y recién ir o no ir.
Para aclarar las dudas, nada mejor que preguntar. No es lo mejor quedarse con lo que a uno le parece, lo mejor es preguntar y hablar el tema. Los chicos podrán consultar a los papás o algún catequista o profesor de religión o alguien que sepa del tema . La cosa es aclarar la duda ¿Y si no convencen las respuestas? Hay que consultar con otros hasta que se tenga una idea clara. Es bueno también leer el Catecismo de la Iglesia Católica o algún escrito de los Papas o de los Obispos. El Catecismo está en varios sitios de Internet
Si la duda persiste es bueno confiar en la buena fe de quienes han aclarado la duda. Ya sabemos que para que haya pecado es necesaria la voluntad que consiente y de la inteligencia que conoce. Si ella no sabe si tal o cual cosa es pecado o no, no hay pecado. Si los que ta aconsejaron se equivocaron, Dios te hará saber por otros medios u otras personas. Hay que confiar en Él más que en cualquier otro.
Una de las formas más efectivas de sacarse la duda de si uno puede o no comulgar es confesarse antes de la Misa
¿Y si no se puede? Se aconseja pedir perdón a Dios por el supuesto pecado y hacer una comunión espiritual. Aunque el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) también dice que en caso de que "no haya posibilidad de confesarse...(el cristiano) tenga presente que está obligado a hacer un acto de contrición perfecta, que incluye el propósito de confesarse cuanto antes" para poder comulgar (CIC 1457) y por supuesto después ¡cumplir ese propósito!
La decisión al respecto queda en la conciencia de cada uno. También el Catecismo habla de esto:
El hombre... no debe ser obligado a actuar contra su conciencia. Ni se le debe impedir que actúe según su conciencia, sobre todo en materia religiosa" (CIC 1782)"La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella" (CIC 1776)Como sea, la conciencia por sí sola no es infalible y por eso tenemos el deber y la posibilidad de formarla y educarla. En eso entra lo de sacarse las dudas. En su formación "estamos asistidos por los dones del Espíritu Santo, ayudados por el testimonio o los consejos de otros y guiados por la enseñanza autorizada del a Iglesia" (CIC1 785)
Tales testimonios, consejos y transmisión de la enseñanza de la Iglesia están a cargo de los padres, los catequistas, los sacerdotes y en definitiva de los cristianos que sepan de estos asuntos. Hay que consultarlos cuando tenemos dudas de conciencia y aún cuando no las tengamos es bueno escuchar a quienes nos aconsejen sobre si podemos comulgar o no.
Comulgar es siempre algo muy hermoso y bueno. Siempre nos hace bien y hay que hacer todo lo posible por realizarlo. Pero la Comunión no es un premio para los que se portan bien. No es un certificado de buena conducta. La Comunión es un encuentro con Jesús en persona que me da las fuerzas suficientes para portarme mejor, para corregirme en lo que no ando bien. Es el alimento que vigoriza mi espíritu para que sea un buen cristiano, a pesar de mis defectos y limitaciones.
La Iglesia nos anima a que comulguemos con mucha frecuencia, incluso todos los días... Pero, como eso a veces no nos es posible por las obligaciones y tareas que tenemos es muy bueno que mantengamos la comunión los domingos, cuando vayamos a Misa. La cosa es que nunca dejemos de lado recibir a Jesús en persona, ofrecido en cada una de las Hostias consagradas en la Misa
Es bueno también saber que participando de la Misa se nos perdonan los pecados veniales y recibiendo el Cuerpo de Jesús, Dios nos preserva de posibles pecados mortales en el futuro (Cf CIC 1395) El Sacramento específico para el perdón de los pecados mortales o graves es el de la Confesión. Cuando en ella se nos perdonan ese tipo de pecados podemos comulgar llenos de alegría. Sin embargo, aunque no tengamos pecados mortales, conviene siempre recurrir a la Confesión como un encuentro con Cristo Misericordioso que obra a través del sacerdote. La Confesión de los pecados, aún cuando sean veniales, ayuda mucho a nuestra salvación y perfeccionamiento como discípulos de Jesús.
En fin, la Pascua no se reduce a un domingo en el año, es algo que celebramos todos los domingos, no nos privemos de esa fiesta...
lunes, 11 de noviembre de 2013
II Jornadas de Pensamiento Contextual - Cafayate
1.
OBJETIVO.-
Fomentar el diálogo entre personas
instituciones, compartan o no el credo católico, reflexionando sobre los
desafíos de la nueva evangelización en nuestro contexto sociocultural.
2.
PROGRAMA.-
·
Jueves
14 de Noviembre, de 18 a 21 hs
-
La
Teología como armonía entre fe y razón – P José Demetrio Jiménez Mariscal OSA (Dr. En
Filosofía – Sta María, Catamarca)
-
El itinerario del Depósito de la Fe en
un particular contexto cultural. – P Roberto Toledo (Lic. en
Filosofía –Salta)
·
Viernes 15 de Noviembre de 18 a
21 hs
-
La
Virgen María, arquetipo de la Iglesia creyente que reciba y transmite la fe – María Verónica Talame (Dra. en
Teología Bíblica – Salta)
-
La
fe de la Iglesia en el mundo secularizado. El criterio de la Encarnación – Ruth Gramajo de Monzón (Dra.
en Filosofía – Tucumán)
·
Sábado 16 de Noviembre de 8 a
13 hs
-
Evangelización
de la cultura e inculturación del Kerigma. Una aproximación desde la Filosofía
intercultural latinoamericana –
Luis Baliña (Dr. en Filosofía – Buenos Aires), Pablo Etchebehere (Lic. en
Filosofía – Buenos Aires) y P José Demetrio Jimenez O.S.A. (Dr en Filosofía –
Santa María – Catamarca)
INSCRIPCIONES.-
Desde
el Martes 12 en despacho Casa Parroquial de Cafayate
Jueves
14 de Noviembre, de 18 a 21 hsmiércoles, 28 de agosto de 2013
jueves, 15 de agosto de 2013
Asunción de la Virgen María a los Cielos
Basado en testimonios antiquísimos de la Tradición de la Iglesia el Papa Pío XII declaró este acontecimiento como Dogma de Fe en 1950. Recordemos que la Tradición es uno de los canales de la Revelación de Dios, junto con la Biblia. La Sagrada Escritura, por su parte alude también a la realización de esta glorificación en cuerpo y alma que esperamos se cumpla también en cada uno de nosotros al final de los tiempos. Después de Jesús es en María Virgen en quien se corrobora tal glorificación.
El Evangelio que la Iglesia propone para el día de hoy es el de la visita de María Santísima a Santa Isabel, narrado por Lucas. María estaba ya gestando en sus entrañas virginales a Cristo e Isabel llevaba seis meses de embarazo, a pesar de su vejez, del que más tarde sería Juan el Bautista.
Es muy interesante notar que en este texto se encuentran, a demás del Canto de la Virgen (Magnificat), la frase del Ave María que durante siglos la Iglesia ha rezado: Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. Se halla también el gran título de la Virgen tal como lo rezamos en la misma oración, cual es el de Madre de Dios. Efectivamente, Isabel se dirige a ella tratándola como la madre de mi Señor. Conviene tener en cuenta que el título Señor como lo expresan los Evangelios al referirse a Jesús, es el equivalente al que usan los libros del Antiguo Testamento y toda la tradición judía para referirse únicamente a Dios. Vistas así las cosas, ya desde el inicio la comunidad cristiana entendía la Maternidad Divina de María.
Este Evangelio de Lucas presenta a la Virgen dirigiéndose a las montañas de Judá. La que ha sido sido subida en cuerpo y alma a la gloria, antes ha subido esas montañas movida por la Caridad. Son dos subidas que se complementan: para subir a los cielos es necesario antes haber subido las laderas escabrosas del servicio al necesitado; igual que la Virgen.
Nosotros esperamos ser glorificados en cuerpo y alma al final de los tiempos, gracias a Cristo el salvador, muerto y resucitado. Y para alcanzar esa exaltación sobrenatural, definitiva y eterna de nuestra naturaleza, es necesario imitar a María que sube las montañas de Judá para llevar su ayuda; es necesario seguir a Jesús que sube las laderas del Calvario para ofrecer su vida al Padre por amor a los hermanos.
Le pidamos a la Virgen María que ha subido glorificada por Dios al Cielo en cuerpo y alma, porque antes ha subido hermosamente las montañas de Judá para brindar auxilio, que nosotros podamos hacer el mismo itinerario. Ascender por las costosas cuestas de la caridad para con el prójimo para ser llevados después por la mano misericordiosa del Señor a la gloria eterna en cuerpo y alma.
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