martes, 17 de enero de 2017

Carta del Papa a los jóvenes con ocasión de la presentación del Documento Preparatorio de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos


Queridos jóvenes,

Tengo el agrado de anunciarles que en el mes de octubre del 2018 se celebrará el Sínodo de los Obispos sobre el tema «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional». He querido que ustedes ocupen el centro de la atención porque los llevo en el corazón. Precisamente hoy se presenta el Documento Preparatorio, que les ofrezco como una "guía” para este camino.

Me vienen a la memoria las palabras que Dios dirigió a Abrahán: «Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré» (Gen 12,1). Estas palabras están dirigidas hoy también a ustedes: son las palabras de un Padre que los invita a "salir” para lanzarse hacia un futuro no conocido pero prometedor de seguras realizaciones, a cuyo encuentro Él mismo los acompaña. Los invito a escuchar la voz de Dios que resuena en el corazón de cada uno a través del soplo vital del Espíritu Santo.

Cuando Dios le dice a Abrahán «Vete», ¿qué quería decirle? Ciertamente no le pedía huir los suyos o del mundo. Su invitación fue una fuerte provocación para que dejase todo y se encaminase hacia una tierra nueva. Dicha tierra, ¿no es acaso para ustedes aquella sociedad más justa y fraterna que desean profundamente y que quieren construir hasta las periferias del mundo?

Sin embargo, hoy, la expresión «Vete» asume un significado diverso: el de la prevaricación, de la injusticia y de la guerra. Muchos jóvenes entre ustedes están sometidos al chantaje de la violencia y se ven obligados a huir de la tierra natal. El grito de ellos sube a Dios, como el de Israel esclavo de la opresión del Faraón (cfr. Es 2, 23).

Deseo también recordarles las palabras que Jesús dijo un día a los discípulos que le preguntaban: «Rabbí [...] ¿dónde vives?». Él les respondió: «Venid y lo veréis» (Jn 1,38). También a ustedes Jesús dirige su mirada y los invita a ir hacia Él. ¿Han encontrado esta mirada, queridos jóvenes? ¿Han escuchado esta voz? ¿Han sentido este impulso a ponerse en camino? Estoy seguro que, si bien el ruido y el aturdimiento parecen reinar en el mundo, esta llamada continua a resonar en el corazón da cada uno para abrirlo a la alegría plena. Esto será posible en la medida en que, a través del acompañamiento de guías expertos, sabrán emprender un itinerario de discernimiento para descubrir el proyecto de Dios en la propia vida. Incluso cuando el camino se encuentre marcado por la precariedad y la caída, Dios, que es rico en misericordia, tenderá su mano para levantarlos.

En Cracovia, durante la apertura de la última Jornada Mundial de la Juventud, les pregunté varias veces: «Las cosas, ¿se pueden cambiar?». Y ustedes exclamaron juntos a gran voz «¡sí»”. Esa es una respuesta que nace de un corazón joven que no soporta la injusticia y no puede doblegarse a la cultura del descarte, ni ceder ante la globalización de la indiferencia. ¡Escuchen ese grito que viene de lo más íntimo! También cuando adviertan, como el profeta Jeremías, la inexperiencia propia de la joven edad, Dios los estimula a ir donde Él los envía: «No les tengas miedo, que contigo estoy para salvarte» (Jer 1,8).

Un mundo mejor se construye también gracias a ustedes, que siempre desean cambiar y ser generosos. No tengan miedo de escuchar al Espíritu que les sugiere opciones audaces, no pierdan tiempo cuando la conciencia les pida arriesgar para seguir al Maestro. También la Iglesia desea ponerse a la escucha de la voz, de la sensibilidad, de la fe de cada uno; así como también de las dudas y las críticas. Hagan sentir a todos el grito de ustedes, déjenlo resonar en las comunidades y háganlo llegar a los pastores. San Benito recomendaba a los abades consultar también a los jóvenes antes de cada decisión importante, porque «muchas veces el Señor revela al más joven lo que es mejor» (Regla de San Benito III, 3).

Así, también a través del camino de este Sínodo, yo y mis hermanos Obispos queremos contribuir cada vez más a vuestro gozo (cfr. 2 Cor 1,24). Los proteja María de Nazaret, una joven como ustedes a quien Dios ha dirigido su mirada amorosa, para que los tome de la mano y los guíe a la alegría de un ¡heme aquí! pleno y generoso (cfr. Lc 1,38).

Con paternal afecto,

FRANCISCO

Vaticano, 13 de enero de 2017
Fuente:
http://www.romereports.com/2017/01/14/carta-del-papa-francisco-a-los-jovenes
documento preoparatorio - Los jovenes la fe y el discernimiento vocacional 

domingo, 25 de diciembre de 2016

NAVIDAD

Navidad es Jesús

Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.» (Jn 1, 14).

«A diferencia de la palabra humana, que no es más que un sonido o un garabato escrito, la Palabra de Dios es el mismo Dios, revelado, manifestado y puesto a nuestro alcance en este niño que nace en Belén. Porque la Palabra de Dios se ha hecho carne. Jesucristo no es un fantasma o una ficción retórica, sino un hombre de verdad, de carne y hueso. No es un mito de la religión, no es una leyenda piadosa, sino realidad tremenda, desafiante y provocadora para la fe. Si creemos así, creeremos que el nacimiento de Jesús es la epifanía de Dios. En Jesús y por Jesús Dios sale al encuentro del hombre. En Jesús y por Jesús Dios no es un ser abstracto y lejano, sino que es Dios con nosotros, en medio de nuestro mundo, inserto en nuestra historia, que ya no podemos distorsionar». (Eucaristía 1986, 61)

Muchos celebran el nacimiento de Jesús en la condición humana, pero muchos celebran una fecha a nivel global y aprovechan para pasarla súper bien; otros la pasan re mal en este día (guerra, violencia, alcohol, droga y “todo es válido”); otros no quieren saber nada de este día porque les trae unos recuerdos malísimos; otros simplemente indiferentes a estas fechas, siguen su rutina y responsabilidades. El desafío, ya nos lo dijo el Salvador, es ser sal y levadura de nuestra sociedad. Seremos muy pocos, pero contamos con la luz de la fe y la Palabra en nuestras vidas. A confiar más en la intervención de Dios que en nuestras fuerzas y capacidades; a buscar el Reino de Dios y su Justicia y lo demás se nos dará por añadidura; a no mirar para atrás; a poner el corazón en Dios y no en los tesoros de este mundo; a poner el vino nuevo en odres nuevos; en fin, a recibir la Palabra que vino a nosotros y nos dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.

Que la Navidad siga siendo Jesús y que nuestras fiestas sean una oportunidad para afianzarnos más en la condición de hijos de Dios en el Hijo, Jesucristo. ¡¡¡Buen domingo!!!

 Pbro. José Casimiro
Parroquia Nstra. Del Rosario
Colalao del Valle


lunes, 19 de diciembre de 2016

Cuarto Domingo de Adviento

No somos imprescindibles pero sí importantes


 «José, hijo de David, no temas aceptar a María, tu mujer, porque lo engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1, 20-21).

«Al lado de la Virgen está José, su esposo. Un joven humilde, trabajador de pueblo, que nos da un ejemplo de actitud abierta hacia Dios y sus planes. Él no entiende del todo el papel que Dios le asigna en la venida del Mesías. El evangelio nos ha contado sus dudas: no porque sospeche nada de María, o porque ignore lo que en ella ha pasado. Precisamente porque José ya conoce el misterio sucedido y sabe que el hijo que va a tener María es obra de Dios, por eso, en su humildad, no quiere usurpar para sí una paternidad que ya sabe que es del Espíritu y se quiere retirar: no comprende que él pueda caber en los planes de Dios. Es el ángel el que le asegura que sí cabe: va a ser esposo de María y por eso va a hacer que el Mesías venga según la dinastía de David. José acepta los planes de Dios. Junto con María, también José es un modelo para todos nosotros, abierto a la Palabra de Dios, obediente desde su vida de cada día a la misión que Dios le ha confiado». (J. ALDAZABAL)

Siempre me da la vuelta por la cabeza lo siguiente: “para Dios, nadie es imprescindible, pero para Él, todos somos importantes”. Es decir que Dios continuará su plan de Salvación a pesar de nuestros no tan frecuentes y de nuestras rebeldías tan fáciles; por el contrario, Él nunca se cansará de buscarnos y de ofrecernos la salvación. Ninguno de nosotros puede sentirse un excluido o marginado de Dios; Él no nos abandona ni nos hace de menos; en todo caso, si discernimos bien, somos nosotros los que caemos ante estas exclusiones y marginaciones. Por tanto, tratemos de descentrarnos, sacarnos de “yo y sólo yo”; esta es una vieja y renovada tentación: considerarnos irremplazables e insustituibles. No se trata de abandonar puestos, responsabilidades y encomiendas así como así, sino de superar nuestra estrechez y autoreferencialidad.

Sepamos abrirnos a los planes y caminos de Dios. No desesperemos si hoy nos sentimos como José un poco confundidos y solos; cultivemos la docilidad y la humildad de San José para que en su momento, veamos con más claridad y podamos caminar con mayor firmeza ¡¡¡Buen domingo!!!
 Pbro. José Casimiro
Párroco de N.S. del Rosario
Colalao del Valle


lunes, 12 de diciembre de 2016

Tercer Domingo de adviento



El Dios que esperamos y el Dios en el que creemos

                          «¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?». (Mt 11, 3).

«Juan está perplejo. Es extraño. Cuando estaba en el desierto, había logrado ver con claridad. En la prisión parece que ya no lo comprende. "¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?". Es verdad que él nunca había tenido pretensiones. Sabía cuál era su papel. No tenía intención alguna de permanecer en escena ocupando un puesto que no era el suyo. El protagonista era otro. Podríamos decir: el Bautista ha acertado acerca del tiempo, pero se ha equivocado respecto al modo. Ha sabido indicar exactamente al esperado, pero no ha dado en el punto justo del estilo de su acción». (ALESSANDRO PRONZATO)

¿Cuál será la imagen que nos hemos hecho de Dios? ¿Cuál es el Dios que estamos esperando y preparándonos para recibir? ¿Cuál es el Dios en el que creemos? Son preguntas que me surgen de esta experiencia que habría tenido Juan el Bautista. No es fácil responder, es mejor dejarnos interpelar y que el Espíritu Santo nos ayude a responder. En el Credo está la síntesis del Dios en el que creemos y esperamos, pero cuidado, porque muchas veces sólo lo profesamos con la boca. Esto aunque parezca provocativo o jocoso es así; e incluso puede estar pasando en mi vida o en tu vida.

Jesús se acerca a la humanidad para ofrecer el verdadero camino hacia la felicidad. Y predica la Buena Noticia de que Dios nos ama. Jesús es el rostro visible y los gestos cercanos de la ternura del Padre misericordioso. Pero, este Dios de amor y de ternura también puede defraudar a aquellas personas que se han hecho un Dios a su imagen y semejanza. Un Dios del miedo y del castigo. Un Dios que tiene que escuchar y sacarnos de los apuros. Un Dios que tiene que “premiar” nuestras buenas obras. Un Dios que destruye a “mis” enemigos. Un Dios milagrero. Un Dios que se contenta con que sus devotos cumplan ciertas normas y leyes. Un Dios que me tiene que dar el cielo, gracias a “mis” méritos...

El Dios que espero y el Dios en el que creo… espero y creo en tu misericordia, Señor. Ojalá dejemos que el Espíritu Santo sostenga nuestra esperanza e ilumine nuestra fe para que podamos amar como somos amados por el Dios verdadero. ¡¡¡Buen domingo!!!

Pbro. Jose Casimiro T.
Párroqioa de Nstra. Sra del Rosario
Colalao del Valle

lunes, 5 de diciembre de 2016

La conversión hoy

"Se presentó Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca" (Mt 3, 1-2).

El evangelio nos presenta la figura de Juan Bautista, típica del Adviento como una enérgica llamada a preparar el camino del Señor y de su Reino. Los elementos que encontramos hoy son sobre todo su llamada a la conversión (= a la renovación) por un motivo muy real: hay una posibilidad de más vida, más justicia, más amor (es lo que significa «está cerca el Reino de Dios»). Es necesario preparar el camino del Señor (anhelar su venida, creer en ella, eliminar obstáculos, trabajar por su Reino). La austeridad de vida de Juan es un testimonio de que es preciso tomárselo en serio (desde la riqueza, desde la comodidad, no se hace nada). Ni es suficiente el simple cumplimiento ritual, exterior (es la severa crítica a «fariseos y saduceos»). Hay que «dar el fruto que pide la conversión».

Me pregunto: ¿La conversión es posible en mi vida? Aquí, allá y más adelante, se nos invita tanto a esto que quizá he caído en una escucha formal y estéril. Quizá la conversión, que es mucho más que una palabra, ha entrado en mi costumbrismo; la conversión ha quedado en el cajón de las cosas obsoletas. Hablar y escuchar hablar de conversión es pensar automáticamente en aquello que ya lo intenté tantas veces que me he convencido que es una utopía o mi amor imposible.

Cuando se habla de conversión se habla de cambio de actitud, de mentalidad, de proyectos, de camino y de vida. El cardenal Newmann tiene una frase que quizá me ayude a salir de este círculo vicioso en el que he caído. Él dice: “Aquí en la tierra vivir es cambiar y ser perfecto es haber cambiado muchas veces”. Cambiar se ha de entender en la óptica de la conversión; un cambio íntimo del corazón del hombre. Vivir es cambiar. En el momento en que este deseo de cambiar desaparece, tú ya no eres un vivo. Una confirmación se nos da en el Apocalipsis cuando el Señor dice: “Parece que estás vivo, pero estás muerto” (3,1) Además “ser perfecto es haber cambiado muchas veces”. Parece que el cardenal Newmann quisiera decir: “El sentido del tiempo es mi conversión”.

Quiero cambiar, necesito cambiar, puedo cambiar. También este tiempo de adviento se mide en función del proyecto que Dios tiene sobre mí. Debo continuamente abrirme a la novedad de Dios, estar disponible a dejarme renovar por Él. ¡¡¡Buen domingo!!!

Pbro. Jose Casimiro T.
Párroqioa de Nstra. Sra del Rosario
Colalao del Valle

lunes, 14 de noviembre de 2016

Domingo XXXIII durante el año

Lectura del santo evangelio según san Lucas (21,5-19):


En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo:
«Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
Ellos le preguntaron:
«Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».
Él dijo:
«Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos.
Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.
Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida».
Entonces les decía:
«Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes.
Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.
Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio.
Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.
Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre.
Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas». 

Obispo Monseñor José Demetrio
P. N. Sra. del la Candelaria.
Santa María.

Domingo XXXII durante el año

Lectura del santo evangelio según san Lucas (20,27-38):

En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús:
«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y de descendencia a su hermano . Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer».
Jesús les dijo:
«En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos
no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección.
Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos».

Padre Juan Antonio Gil Zolorzano 
P. N. Sra. del la Candelaria.
Santa María.

domingo, 30 de octubre de 2016

Domingo XXXI durante el año

Los “zaqueos” de hoy"
Hoy ha llegado la salvación de esta casa; ya que este hombre es también un hijo de Abrahán, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido."

En el Evangelio de hoy (Lc 19, 1-10) y que solo se encuentra en Lucas, se nos narra que Zaqueo, quería ver a Jesús, "pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura". Pero Zaqueo tenía sus impedimentos. Uno era el de la estatura. Otro era el de la gente, que no le dejaba ver. Pero Zaqueo era un hombre decidido, y encontró la manera de superar estos problemas. Zaqueo era bajito y pecador. Zaqueo quería ver a Jesús, pero la gente se lo impedía. Esto también nos pasa a nosotros. Por una razón o por otra, Zaqueo soy yo. Zaqueo subió a un árbol. Es un hombre dispuesto a superar dificultades.

Amigo y amiga, la comunidad te ayuda y a veces te impide ver a Jesús. No te rasgues las vestiduras por los que ves y protagonizas en tu comunidad; en todo caso, cada día, comprométete mas con ella. Donde hay personas siempre habrá humanidades, miserias pero también aquellas experiencias tan edificantes, tan consoladoras y positivas. Busquemos salir a la comunidad, no quedarnos en nuestro nidito; salgamos al encuentro de Jesús que viene a cada uno de nosotros en comunidad.
Hay muchas situaciones en las que nos toca reconocer que por tener prioridades ajenas a la familia, a la verdad y fraternidad nos hemos alejado como Zaqueo y que como en él, la talla de Jesús nos queda grande, la comunidad nos impide ver y encontrarnos con Jesús; por eso mismo, busquemos los medios, no nos quedemos de brazos cruzados esperando que Jesús nos agarre de la oreja o de la patilla y nos vuelva a las prioridades de la familia, de la verdad y fraternidad; de la santidad.

Zaqueo, un hombre rico (no es sólo sinónimo de los que tienen muchos bienes), jefe de publicanos (¿te acuerdas del publicano en el templo?), "petiso", inquieto y aquél que se jugó todo para un encuentro que le cambió la vida. Yo soy Zaqueo, yo quiero ser como Zaqueo, yo quiero terminar como Zaqueo. ¡¡¡Buen domingo!!!
Pbro.  José Casimiro
P. N Sra. del Rosario
Colalao del Valle

domingo, 23 de octubre de 2016

Domingo XXX durante el año



La enfermedad de los ojos del alma

“Dos hombres subieron al templo para orar”: una vez más, Jesús nos habla sobre la oración, aunque en este caso, sobre la relación con Dios en la oración y con el prójimo.

En el Evangelio de hoy (Lc 18, 9-14) Jesús nos propone una parábola ya que “algunos, confiando en sí mismos, se tenían por justos y despreciaban a los demás”. Es una parábola muy conocida quizá por nosotros; pero no por conocida, debe pasar de memoria y de corrido. La parábola nos presenta a dos personas en oración, el fariseo y el publicano. Los fariseos son judíos que cumplen rigurosamente con las prescripciones religiosas y el publicano es el extremo contrario; los publicanos eran judíos que vendían a sus hermanos al Imperio romano y los exprimían con los impuestos. Los publicanos eran considerados pecadores públicos y por ello mismo despreciados. Los dos están haciendo oración pero los dos con efectos muy distintos. La enseñanza de Jesús es: “todo el que se ensalza será humillado y todo el que se humille será ensalzado”.
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En la parábola que contó Jesús nos llama la atención cómo el fariseo se siente tan seguro de sus cualidades y tan seguro de los defectos de los defectos de los demás. Pero ¿qué es lo que pasa? La seguridad del fariseo es totalmente equivocada; entonces una persona puede estar completamente segura de sí misma y totalmente equivocada a la vez. Y ¿por qué esto se puede dar así? Porque el fariseo a escogido ver solamente lo bueno de sí mismo y solamente lo malo de los demás; se ha concentrado en lo que le conviene, en lo que le place, lo que le honra y a dejado de lado lo demás.
Ojalá que nos reconozcamos al fariseo que hay en cada uno de nosotros; muchos de nosotros tenemos la rápida y fácil inclinación a mirar los defectos de los demás, mientras que cuando sufrimos nos consideramos fácilmente víctimas y nos consideramos inocentes. Hay que buscar un remedio a esta enfermedad (es una enfermedad de los ojos del alma). El remedio es lograr contradecir esto de mirar los bueno de uno y lo malo de los demás. Y ¿cómo hago? Para esto está el examen de conciencia que nos lleva esforzarnos por buscar lo que a uno no le gusta de uno mismo; así uno se está abriendo los ojos para ver qué es aquello que está mal en mi vida. Y de otro lado, hay que hacer el esfuerzo cuando alguna persona no me cae bien y ver en qué puede estar acertando esa persona, qué puede estar haciendo bien ese que es mi adversario, qué ha visto él o ella que yo no he visto. Con el examen de conciencia uno tiene menos riesgo de creerse bueno, perfecto y víctima; y también tendremos menos posibilidad de despreciar a los que son tan amados del Señor. Siendo así, podremos agradar de verdad al Señor con nuestra oración y vida.
Buen domingo!!!
Pbro. Josè Casimiro Torres
Parroquia N. Sra. del Rosario
Colalao del Valle